Hay gente que, entendiendo con la razón la Palabra de Dios comentada antes, no puede llegar a creer que verdaderamente comemos Su carne y bebemos Su sangre en la Eucaristía. Ahora les invito a un diálogo de corazón a corazón para alimentarnos con la Palabra que se compartirá, menos razonado y más contemplativo. Abrirnos a la escucha, a tratar de comprender y dejarnos conmover por la belleza, la bondad y la verdad de Dios.
Para responder con la fe son necesarios la gracia de Dios y el auxilio interior del Espíritu Santo, y así mover nuestro corazón a aceptar gustosamente creer la verdad. Creemos libremente en la verdad revelada por la autoridad de Dios, aunque pueda parecer oscura a la razón y la experiencia humana. Porque la luz divina nos da la certeza que noconseguimos con la razón, abriéndonos los ojos del corazón (Ef 1,18).
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