- La Gran Novedad
La noticia acerca de una sociedad que hubiera erradicado la pobreza entre los suyos de una vez y para siempre ocuparía la portada de todos los medios de comunicación. Conocer que lo había conseguido tras abandonar el orden injusto y establecer una nueva organización social en base a tres coordenadas fundamentales: libertad, justicia e igualdad, causaría un asombro generalizado. Y dejaría fascinado a medio mundo el saber del florecimiento de una nueva cultura que hubiera sustituido los valores tenidos por inamovibles: ‘tener’, ‘subir’ y ‘mandar’ por los de: ‘compartir’, ‘nivelar’ y ‘servir’. Los integrantes de esa hipotética sociedad habrían conseguido dar prioridad a la Vida e instalar a las personas en el lugar más destacado, el sitio que les corresponde. Tan inédito acontecimiento sería declarado sin duda como el más sobresaliente en la historia de las civilizaciones. Tal vez podría llamársele: La Gran Novedad.
Así entendió Marcos el Proyecto iniciado por Jesús el Galileo, al que denominó con la expresión: La Buena Noticia (εὐαγγέλιον; transliterado: eu-aggelion). Con ella dio título a su obra:
“Comienzo de la Buena Noticia…” (Mc 1,1).
La Buena Noticia se demostró por su realidad, la de una sociedad que erradicó la pobreza y no daba cabida ni al desprecio ni a la exclusión. Pero, eso sí, generó dudas. Ante las del Bautista, el Galileo no se anduvo con teorías, especulaciones o promesas para el mañana. Antes bien, presentó a sus emisarios la evidencia incuestionable de los hechos:
“Id a contarle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: Ciegos ven y cojos andan, leprosos quedan limpios y sordos oyen, muertos resucitan y pobres reciben la Buena Noticia” (Mt 11,4-5).
- El artículo determinado plural ‘los’ distorsiona el sentido
La mayoría de las traducciones enuncian cada uno de estos grupos humanos precedidos del artículo determinado plural: ‘los’. Hay que reconocer que de ese modo el texto queda y suena más bonito, aunque ¡bastante distorsionado y engañoso! En el original griego ¡no hay ni un solo artículo! No habla de los ciegos, los cojos, los leprosos, los sordos, los muertos y los pobres, sino de excluidos que han optado por una sociedad sin muros de desigualdad y con puertas abiertas de par en par a la vida. La liberación se constata; no se reduce a enunciados. La liberación o se ejecuta y se despliega en hechos comprobables o no lo es. Se percibe en las propias carnes. Requiere la decisión de sacudirse el orden opresivo y sentir cómo alcanza hasta los huesos el disfrute de una vida en libertad.
El mensaje que los emisarios han de transmitir a Juan no es una teoría, sino la realidad de la que han sido testigos (“lo que estáis viendo y oyendo”). El texto deja claro que la Buena Noticia no anuncia una sociedad caracterizada por prestar ayuda a los pobres. Proclama la alternativa social donde quienes habían sido ciegos, cojos, leprosos, sordos, muertos y pobres dejan de serlo y acceden a tener una vida digna de llamarse vida. Porque en el orden establecido, la fábrica que hace pobres, la Vida brilla por su ausencia; en el Proyecto del Galileo, resplandece.
El cuarto evangelio, salido de la experiencia de una comunidad de adheridos a dicha alternativa, reflexiona sobre ella y pone en boca del Galileo lo que ese colectivo humano comprobó por sí mismo:
“…el que me sigue no caminará en la tiniebla, tendrá LA LUZ DE LA VIDA” (Jn 8,12b).
Con ese nombre elegido por Marcos: Evangelio (Buena Noticia) se conocen también los textos escritos más tarde, atribuidos a Mateo, Lucas y Juan. Basta una lectura superficial de esos cuatro evangelios para comprobar que existen diferencias entre ellos; en especial entre los tres primeros y el último. El pionero fue Marcos. Es también el más corto. Una vez consolidado, debido a su aceptación y expansión por diversas comunidades, fue recogido como fuente principal por Mateo y Lucas. Los tres, por tanto, guardan entre sí un fuerte paralelismo. Son la pedagogía de una praxis, la del Galileo, descrita en un formato, lenguaje y estilo adaptados a diferentes destinatarios. El cuarto evangelio muestra, en cambio, la profunda reflexión de una comunidad en torno a esa praxis.
- El personaje de “Lector”
Aunque con pequeñas y grandes diferencias entre ellos, los autores de los cuatro evangelios no pretendieron al escribirlos que fueran leídos por muchos, sino que muchos LOS ESCUCHARAN atendiendo a las explicaciones del encargado de leerlos en voz alta a las distintas asambleas. Marcos no tuvo inconveniente en asomar la cabeza como narrador para dirigir un serio aviso a ese importante personaje: el Lector.
“Cuando veáis que el execrable devastador ha puesto el pie donde no tiene que hacerlo -TÉNGALO PRESENTE EL LECTOR…” (Mc 13,14).
Resultaba imposible que los integrantes de la asamblea pudieran leer el texto. Primero, porque solo se contaba con un solo ejemplar y segundo, porque la inmensa mayoría de ellos no sabía leer ni escribir. En ese bloque de analfabetos se incluían también Pedro y Juan:
“Observando la valentía de PEDRO Y JUAN y notando que ERAN HOMBRES SIN LETRAS NI INSTRUCCIÓN…” (Hech 4,13).
Los evangelios requerían ¡y requieren!, por tanto, ser explicados con detalle. No saber leer ni escribir no impedía la comprensión de la enseñanza. La tarea de ayudar a entender el mensaje contenido en el texto competía al Lector. Su esfuerzo se concentraba en descubrir a los integrantes de cada asamblea la lógica del Proyecto de sociedad alternativa. El razonamiento resulta una ayuda imprescindible para la libertad. El Proyecto nada tiene que ver con la imposición o el engaño. Evitar la explicación o disfrazarla haciendo uso de la literalidad como argumento último e indiscutible, además de ser un recurso inconsistente, resulta una burla y un desprecio al interlocutor, así como un ataque al sentido que los autores de los evangelios quisieron transmitir con sus relatos.
La aceptación de dogmas, principios, nociones misteriosas o inabordables por la razón se sitúa en las antípodas de la función del Lector y del propósito de los evangelistas. Uno y otros quisieron mostrar a las claras las consecuencias de permanecer bajo el dominio del orden establecido y el resultado feliz para la vida de dar un paso decidido hacia la sociedad alternativa. El orden injusto, bajo el dominio del dinero, garantiza esclavitud y muerte. La Buena Noticia ofrece libertad y vida. El evangelio de Juan hablará en un caso de “Tiniebla”; en el otro, el referido al Proyecto del Galileo, de “Luz”. La Tiniebla oculta la salida y genera cadáveres andantes; la luz alumbra el camino e invita a vivir.
- La “fe” como “adhesión sin reservas”
Para hablar de la respuesta positiva al Proyecto anunciado por la Buena Noticia, Marcos y los otros dos sinópticos utilizan el término: “fe” (πίστις). Ahora bien, la fe para ellos no es un asentimiento respecto a ideas, principios, voluntades o reconocimiento de seres de existencia indemostrable. Lejos de tal pensamiento generalizado, la fe significa el acercamiento real, la aceptación y la adhesión sin reservas al Proyecto del Galileo. La fe no consiste en profesar unas ideas o creencias. Tener fe se identifica con aceptar una manera de vivir. Lejos de ser algo pasivo, la fe responde a una dinámica decidida a superar lo establecido asumiendo los riesgos extremos que provoca su trasgresión. Un caso modelo es el del relato de la mujer que se desangraba (Mc 5,24b-34).
Lo contrario a la fe no se identifica como ateísmo, irreligiosidad o agnosticismo. Su opuesto es lo que la mujer logró superar: el miedo que provoca la parálisis.
El cuarto evangelio prescinde del uso del término griego πίστις (‘fe’). Utiliza, en cambio, el verbo (πιστεύω). Este verbo griego, que Juan emplea en casi cien ocasiones, tiene siempre una significación dinámica. Indica una adhesión firme. Es corriente y erróneo su uso en nuestras lenguas traducido por ‘creer’ y acompañado de la preposición ‘en’ que le confiere un sentido estático: ‘Creer en’. Juan, por el contrario, asocia el verbo a otra preposición (εἰς; transliterado: eis) con significación activa. Esta preposición no implica quietud, sino movimiento ‘hacia’. Y exige traducir, precedida del verbo πιστεύω, no por ‘creer en’, sino por: ‘adherirse a’.
Sirva como ejemplo la lectura de Jn 1,12 en algunas traducciones en comparación con la de Juan Mateos:
“Más a cuantos le recibieron dióles poder de venir a ser hijos de Dios, a aquellos que creen en su nombre” (Nácar-Colunga).
“Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre” (Biblia de Jerusalén).
“En cambio, a cuantos la han aceptado, los ha hecho capaces de hacerse hijos de Dios: a esos que mantienen LA ADHESIÓN A su persona” (Juan Mateos).
El Galileo proclamó la Buena Noticia anunciando la posibilidad de salida desde la Tiniebla a la Luz. Su Proyecto obvió la resignación, libró de la debilidad crónica y puso la Vida al alcance de la mano. Bastaba solo dar adhesión a su Proyecto:
- El “Logos” como “Mensaje” y “Proyecto”
Bien para referirse a la exposición de la Buena Noticia o bien para dar cuenta de su inicio, su desarrollo y sus efectos, Marcos utilizó un mismo término griego: (λόγος; transliterado: logos). En un caso, logos se traduce por ‘mensaje’; en otro, por ‘proyecto’. Mensaje y Proyecto expresan dos caras de la misma realidad. ‘Mensaje’ alude siempre al Proyecto. Se trata del Logos expresado. ‘Proyecto’ supone y sugiere una exposición y explicación previa (‘Mensaje’). Pero ‘Proyecto’ indica un avance, es el Logos en sus distintas fases de realización
El término Logos aparece por primera vez en Mc 1,45. Se pone en boca de un excluido de la sociedad, un leproso. Al comprobar este que tiene las puertas abiertas en el Proyecto del Galileo, percibe los efectos de la libertad, exhibe su alegría y se lanza desaforado a proclamar el Mensaje (logos):
“…al salir, se puso a proclamar y a divulgar EL MENSAJE a más y mejor…”.
Marcos repite el término Logos referido a la Buena Noticia de la sociedad alternativa, llamada por los evangelistas “el reinado de Dios”, hasta en nueve ocasiones en la secuencia de las parábolas. A veces con el doble significado de ‘Mensaje’ y ‘Proyecto’. El Proyecto fue presentado por Jesús a la gente como una realidad humilde (‘semilla’), pero con un deslumbrante desarrollo (“…produciendo treinta por uno y sesenta por uno y ciento por uno”; Mc 4,8) El mensaje se esparce como en una siembra en la que, aunque algunas semillas caen en terrenos inapropiados, el grueso se reparte en buena tierra, que las acoge logrando una excelente cosecha (Mc 4,3-9). Los esfuerzos son innecesarios; basta aceptar ese mensaje para que el Proyecto arraigue y se desarrolle. Ese Proyecto es connatural al ser humano. Están hechos el uno para el otro (Mc 4,26-29). El Proyecto se inicia con una apariencia insignificante, aunque esconde una enorme potencialidad. Una vez logrado su desarrollo, se mostrará como una sociedad atrayente por su apertura y disponibilidad para dar asilo y carta de ciudadanía a todo demandante de libertad y de vida (Mc 4,30-33).
- Juan o los tres avances del Logos: pensado, expresado y realizado
El evangelio de Juan abre su reflexión concediendo al Logos todo el protagonismo. Los cuatro primeros versos están dedicados a marcar sus conclusiones respecto al Proyecto. El Proyecto (Logos) aparece como sujeto en esas cuatro líneas. Si Marcos enseñó dos caras del Proyecto: El Logos expresado (Mensaje) y el logos en su desarrollo (Proyecto), el autor del cuarto evangelio avanzará un paso más y presentará tres aspectos de ese Proyecto: El Logos pensado, el Logos expresado y el Logos realizado hasta su culminación.
Merecerá la pena escuchar con mucha atención esas palabras del Prólogo del evangelio de Juan.






