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Costa Rica, entre el sueño y la realidad que golpea

[Por: José A. Amesty Rivera]

En Costa Rica nos vendieron durante años la fábula de que éramos distintos, casi un oasis en medio del caos centroamericano, que aquí había paz, democracia y oportunidades, que éramos la excepción. Pero esa historia, repetida hasta el cansancio, ya no alcanza para explicar lo que vive la mayoría; La realidad terminó rompiendo el mito, y lo que queda es un país golpeado, desigual y cada vez más tenso…

 

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Invitación: La espiritualidad en el Cantar de los Cantares, una mirada ecofeminista

[Por: Seminario Evangélico de Puerto Rico]

Con la participación de Elsa Támez, tendrá lugar el espacio formativo “La espiritualidad en el Cantar de los Cantares, una mirada ecofeminista”…

 

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Ayote en rapadura

[Por: Ilka Oliva Corado]

A Milvia la entregaron a los doce años a un hombre de treinta seis que ya se había separado tres veces y tenía en total siete hijos. Era bien sabido que golpeaba a las mujeres con las que convivió y que cuando se cansaba de ellas solamente se iba y no volvía más, dejando a las madres y a sus hijos en el olvido total. Cliente habitual del bar Rojo, el único en el municipio. Sus borracheras no tenían ni día ni horario, pero eso al padre de Milvia no le importó porque el futuro yerno lo invitaba a los cutos[1] cuando se lo encontraba en el bar…

 

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No tememos la noche sombría de nuestro tiempo porque amamos las estrellas

[Por: Leonardo Boff]

Son muchos actualmente los que han perdido la esperanza de que, en el sombrío panorama actual, aún tengamos algún futuro. Hay demasiada maldad, genocidio a cielo abierto y vergonzosamente ejecutado por quienes lo practican: Israel y los Estados Unidos de América, todavía escandalosamente apoyados por algunos países europeos, especialmente por Alemania, olvidada del Holocausto nazi.

 

Asistimos, atónitos, a ver como una gran nación, aquella que dispone de más medios de destrucción masiva e incluso de aniquilación de la vida en la Tierra —Rusia—, arrasar una nación vecina con grandes tradiciones culturales y los famosos y sabios cuentos rabínicos: Ucrania. Terrible está siendo la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, destruyendo una de las civilizaciones más antiguas, con una ferocidad que no elige sus objetivos: todo es atacado, incluyendo escuelas de niñas.

 

A esto se suma la absurda acumulación de riquezas en poquísimas manos: ocho personas poseen individualmente una riqueza equivalente a la que poseen 4.700 millones de personas. En ellos no se percibe ninguna sensibilidad humana hacia sus semejantes, a quienes tratan como ceros económicos, descartables y considerados subhumanos: los millones que viven en las periferias de las grandes ciudades del Norte Global (solo en Estados Unidos viven 30 millones de pobres) y que llenan, por millones, las metrópolis del Sur Global.

 

Me abstengo de referirme a la grave amenaza de la sobrecarga de la Tierra, con severos límites en la producción de bienes y servicios que sostienen la vida (hoy ya necesitamos 1,7 Tierras). Ni siquiera al creciente calentamiento global del planeta que, si hasta 2030-2035 no se detiene en un máximo de 1,5 °C respecto a la era industrial (1850-1900), causará una inexorable diezmación de vidas en la naturaleza y en la humanidad.

 

¿Cómo mantener aún la esperanza en un drama de tales proporciones? Entendemos las preocupaciones de analistas del rumbo del mundo que dicen: no es imposible que haya llegado nuestro turno de desaparecer del proceso de la evolución, como ya han desaparecido cientos y cientos de especies después de millones de años sobre la Tierra.

 

Por eso soy pesimista, porque la realidad es pésima. Sin embargo, me declaro un pesimista esperanzado. Esperanzado porque, si somos Tierra que siente, piensa, ama y venera, tenemos la resiliencia que la Tierra ha demostrado en las quince grandes extinciones que ha sufrido a lo largo de sus 4.500 millones de años de historia. La vida nunca sucumbió. Después de cada extinción —atestiguan varios historiadores de la vida en la Tierra como Christian de Duve (Polvo cósmico: la vida como imperativo cósmico, 1995)—, ella, como si se vengara, produjo una biodiversidad mayor que la que había sido truncada.

 

Como decía el poeta alemán Friedrich Hölderlin: “allí donde hay peligro, crece también lo que salva” (wo aber Gefahr ist, wächst auch das Rettende). Nuestro peligro es innegable. Pero considerando que el ser humano es un proyecto infinito, dotado de mil virtualidades, sabrá, frente al gran peligro, forjar oportunidades de salvación.

 

Como es sabido, la historia de la vida no es lineal: da saltos. Lo improbable puede volverse probable. Lo inesperado puede acontecer. Era seguramente improbable que un hombre negro, Barack Obama, dada la discriminación sufrida por parte de supremacistas blancos, llegara a la Presidencia de Estados Unidos. Y llegó. ¿Quién podría imaginar que, en una sociedad machista como la brasileña, una mujer se convirtiera en presidenta del Brasil, Dilma Rousseff? Y llegó.

 

Tengo la convicción que animaba al paleontólogo y místico Pierre Teilhard de Chardin: que la humanidad, en un momento grave de su historia, especialmente sabiendo que puede autodestruirse, entraría en razón y tomaría conciencia de su lugar en el conjunto de los seres y de su responsabilidad por el futuro de la vida. Daría un salto cuántico en su conciencia y definiría otro rumbo para su historia. Se convertiría en guardiana y cuidadora de la sagrada herencia que ha recibido: la Tierra y todos sus ecosistemas con los seres que los habitan. Percibiría que es parte de la naturaleza, en fraternidad con los demás hermanos y hermanas que en ella existen. Amaría y cuidaría la Casa Común en la que todos cabrían con sus diferencias, pero en una profunda unidad.

 

Esto está dentro de las posibilidades humanas. Somos seres naturalmente cooperativos y sensibles frente a los más vulnerables. En lo más profundo de nosotros —como dato objetivo, confirmado por la nueva ciencia— somos seres espirituales, capaces de identificar aquella Energía de Fondo (Aquel Ser que hace ser a todos los seres) que todo lo penetra y sostiene. James Watson comprobó que en nuestro ADN está el amor, la fuerza mayor del universo (ADN: el secreto de la vida, 2005). Con todas estas potencialidades, atravesaremos aún un camino doloroso hasta llegar a una forma amorosa y fraterna de convivencia.

 

No estamos ante una tragedia anunciada, sino en el corazón de una crisis de nuestros fundamentos que nos purificará, nos depurará y nos permitirá dar un salto, habitando un mundo que juntos podemos hacer existir de manera sostenible. Depende de nosotros impedir que las actuales crisis se conviertan en tragedias.

 

Por eso no tememos la noche sombría de nuestro tiempo, porque amamos las estrellas, nuestras hermanas. Esperamos la aurora que se anuncia.

 

Leonardo Boff escribe para la revista LIBERTA del ICL; también escribió El doloroso parto de la Madre Tierra, Vozes, 2021.

El abuso de poder y de conciencia en la Iglesia

[Por: Matías Soares | Traducido por Amerindia]

El papa Francisco nos ha impulsado a superar el clericalismo, que, según él, “se manifiesta claramente en un modo anómalo de entender la autoridad en la Iglesia —tan común en muchas comunidades donde han ocurrido conductas de abuso sexual, de poder y de conciencia—, siendo el clericalismo aquella ‘actitud que no solo anula la personalidad de los cristianos, sino que también tiende a disminuir y subestimar la gracia bautismal que el Espíritu Santo ha puesto en el corazón de nuestro pueblo’, favorecida tanto por los propios sacerdotes —obispos y diáconos— como por los laicos; genera una ruptura en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos. Decir no al abuso es decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo” (cf. https://www.vatican.va/content/francesco/pt/letters/2018/documents/papa-francesco_20180820_lettera-popolo)..

 

Es relevante que el Pontífice haya situado esta idea sobre el modo de ejercer el poder en la Iglesia en el contexto de los escándalos que sacudieron la realidad eclesial de Chile. Los desafíos en este ámbito del abuso de poder continúan; pero, como en los últimos tiempos el énfasis se ha puesto en las cuestiones sexuales, las demás formas aún son percibidas pero no consideradas con la misma gravedad, aunque indirectamente sean igualmente nocivas para el cuerpo eclesial y para la sociedad, si consideramos la fuerza institucional de la Iglesia, su red de relaciones y su poder simbólico. Esta carta dirigida a la Iglesia chilena debería ser profundizada y rezada en las demás Iglesias locales de la catolicidad, especialmente para ayudarnos en el discernimiento acerca de otras perversiones del modus operandi de ministros ordenados —obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos(as)— y demás miembros del pueblo de Dios, que oprimen y actúan de manera autoritaria.

           

En la construcción de una justa hermenéutica de este desafío a la vida de la Iglesia y a la sociedad en su conjunto —ya que el abuso de autoridad tiene otras formas y contextos—, es necesario tener presente el papel y el lugar de la conciencia en el proceso relacional de las personas, con sus historias, personalidades y, ante todo, como sujetos eclesiales. El Concilio Vaticano II nos ofreció el marco contemporáneo para pensar y construir un modo diferente, incluso resignificando la obediencia, que ya no puede ser “ciega”, como pretenden algunas mentalidades autoritarias y violentas, sino respetuosa de la libertad de conciencia, siendo esta el santuario más íntimo y profundo donde se revelan el amor y la verdad de Dios. Este “lugar teológico” no puede ser tratado con irrespeto ni sometido a abusos, incluido el abuso “espiritual”, como hemos observado en muchos ambientes religiosos, amplificados aún más por la omnipresencia y la fuerza de las redes sociales. No podemos pretender sustituir la conciencia de las personas, como nos advirtió el papa Francisco al referirse al respeto debido a la conciencia de los fieles y a nuestra misión como Iglesia en la actualidad, reconociendo que “nos cuesta dejar espacio a la conciencia de los fieles, que muchas veces responden lo mejor que pueden al Evangelio en medio de sus límites y son capaces de realizar su propio discernimiento en situaciones donde se rompen todos los esquemas. Estamos llamados a formar las conciencias, no a pretender sustituirlas”. (cf. Amoris Laetitia, 37).

           

El tema de la conciencia y su importancia para la libertad religiosa, especialmente en el contexto de las innovaciones eclesiológicas y antropológicas del Concilio Vaticano II, era central en el pensamiento del teólogo Joseph Ratzinger. Para él, el encuentro con los grandes temas de la modernidad no se encuentra en la gran constitución pastoral, sino en dos documentos más breves que, poco a poco, adquirieron relevancia en la recepción del Concilio: la Declaración sobre la Libertad Religiosa Dignitatis Humanae y la que trata de la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas Nostra Aetate. (cf. J. Ratzinger. Prefácio, Opera Omnia, L’ Insegnamento del Conc. Vat. II, pág. 7-9). Según Ratzinger, “la fe cristiana reclamaba la libertad por convicción religiosa y por la práctica del culto, sin por ello violar el derecho del Estado en su propio ordenamiento: los cristianos rezaban por el emperador, pero no lo adoraban” (cf. Idem).. La cuestión central era la libertad de elegir, practicar y cambiar de religión como un derecho fundamental de la persona. A partir de esto, podemos comprender tanto la dimensión personal de la conciencia como lugar de discernimiento de la voluntad de Dios, como sus implicancias antropológicas y sociales. En los ambientes eclesiales es urgente profundizar esta reflexión sobre las nuevas formas de vivir la fe cristiana y sobre el modo en que algunas liderazgos asumen, de manera invasiva, el rol de sustitutos de la voluntad de los demás. Se requiere una profunda humanización a partir de los valores del Evangelio y una teología moral atenta a las enseñanzas posconciliares.

           

La Constitución también reconoce derechos relacionados con la intimidad, justamente para proteger al ciudadano de abusos de poder cf. Art. 5º, inc. VI-XII).. En particular, afirma que “es inviolable la libertad de conciencia y de creencia, asegurándose el libre ejercicio de los cultos religiosos y garantizadndo, en forma de ley, la protección a los locales de culto y a sus imagenes”. En palabras de Mário Antônio Sanches, la objeción de conciencia es un derecho que salvaguarda principios morales inalienables: el respeto a la autonomía de la persona y a su libertad. Sin embargo, esta no debe basarse en caprichos ni subjetivismos, ni en intransigente obstinaciones. Por eso precisa ser por la presentación de los valores en cuestión, explicitando los motivos personales, abierta al diálogo (cf. https://www.jusbrasil.com.br/artigos/o-direito-a-objecao-de-consciencia:21/03/26). Es importante considerar cómo la teología católica interpreta estos derechos a la luz de los signos de los tiempos, reconociendo que la libertad de conciencia está profundamente vinculada al derecho a la intimidad de cada persona.

 

El papa Francisco también aborda el abuso espiritual en el proceso misionero de la Iglesia, cuando citando a su predecesor Benedicto XVI, afirma que “los cristianos tienen el deber de anunciar sin excluir a nadie y no como quien impone una nueva obligación, sino  una propuesta que comparte una alegría y señala un horizonte, ofreciendo un banquete apetecible. . La Iglesia “no crece por proselitismo, sino por atracción” (cf. Evangelii Gaudium, 14). El anuncio de la Alegría del Evangelio precisa ser porpuesto, no impuesto; y menos violentando la libertad religiosa.  Sin embargo, aún hoy encontramos múltiples formas de abuso espiritual, con prácticas que alienan, oprimen y manipulan a las personas mediante discursos religiosos fundamentalistas y agresivos. En muchos ambientes religiosos se producen formas de “violencias simbólicas”, incluyendo explotación económica, sexual y de poder. Para aquellos que no quieran entender- por conveniencia, o por mala fe- el acoger las enseñanzas del Papa Francisco acerca de este estilo pastoral, que no condice con la práctica misionera de Jesús de Nazareth.  No debemos evangelizar para aumentar números, de tribus y grupos religiosos, como percibimos en algunos movimientos inclusive católicos sino para favorecer “la experiencia de encuentro personal con Jesucristo”. (cf. Evangelii Gaudium, 1).

           

Finalmente, también es necesario que la “dignidad de los ministros ordenados” sea respetada(cf. https://www.arquidiocesedenatal.org.br/post/artigo-a-dignidade-dos-presbíteros).   Inclusive dentro de las propias relaciones jerárquicas de la Iglesia. En las comunidades eclesiales encontramos también fieles laicos que persiguen, calumnian o maltratan a sus pastores. Existe, además, una distorsión del “verdadero protagonismo” en algunos casos. Una ‘autonomía relacional’, respetuosa y marcada por el espíritu de servicio, es lo que precisa animar a las comunidades cristianas y a las estructuras eclesiales. Lo que somos llamados  es a tener docilidad a la acción del Espíritu Santo en nuestras mentes, corazones y actitudes fermentadas por las prácticas de las Bienaventuranzas. (cf. Mt 5,1-12).  

           

Si nuestra preocupación es el ‘poder por el poder’, nuestra vida dejará de ser verdaderamente cristiana y no atraerá hacia la persona de Nuestro Señor. El abuso de poder y de conciencia en la Iglesia es una herida que debe ser superada, ante todo, mediante la conversión personal y la transformación de nuestras estructuras marcadas por el pecado. Recemos siempre por esta intención. Así sea.

 

P. Matías Soares
Arquidiócesis de Natal (RN)
Capellán de la UFRN

 

(Traducido desde Amerindia)

Sentados a la mesa del Reino, Jesús quiere vino y la Señora L, un café

[Por: Jairo Franco | Religión Digital]

Seguí virtualmente una de las audiencias de la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP. Allí, varias víctimas de las extintas FARC-EP, ofrecían relatos desgarradores de sus sufrimientos en tiempo del conflicto y de las consecuencias que hasta hoy siguen padeciendo; quiero compartir con ustedes el de la Señora L.

 

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Política y religión en la era secular

[Por: ASINJA]

La sociología de las religiones ha estado presente en la vida cultural de Occidente durante todo el siglo XX. Desde el pensamiento generativo de Mircea Eliade o de Rudolf Otto, sociólogos como Émile Durkheim, Max Weber, Theodore Luckmann, Bryan Wilson, Werner Sombart, Ernest Troeltsch o Peter Berger, por solo citar algunos, se han ocupado del papel de las creencias religiosas en nuestras sociedades modernas. También desde la filosofía política, autores como John Rawls, Jürgen Habermas o Charles Tylor, se han acercado a este fenómeno social con enorme rigor y profundidad. Es decir, el fenómeno religioso ha seguido contando en nuestro tiempo secular con infinidad de análisis desde muy variadas disciplinas académicas y orientaciones doctrinales…

 

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Noticias Iglesia Internacional: 16 al 23 de marzo (Suplemento)

[Coordina: Cecilia Tovar | IBC]

Con una voz unificada de dolor y esperanza, la familia Maryknoll pide a los líderes de los Estados Unidos, Israel e Irán que vayan más allá del ciclo de la violencia y se comprometan con la urgente tarea de la diplomacia y la paz…

 

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El árbol, el bosque… y las flores

[Por: Eduardo de la Serna]

Como es una obviedad, en el medio de una marcha – por eso de que el árbol tapa el bosque – suele ser imposible saber si hay mucha o poca gente. Después los medios se ocupan de informar (o “des”, según les interese el resultado). Inclusive, a veces, hasta con una imagen de drones se puede tener una idea mayor, aunque los negacionistas o terraplanistas sacarán extrañas cuentas por metro cuadrado para concluir que había 346 personas…

 

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Impunidad, mentira y Alzheimer

[Por: Eduardo de la Serna]

Los que vivimos de cerca la dictadura cívico-militar con bendición eclesiástica no queremos dejar de hacer memoria, de reclamar justicia y exigir verdad.

 

Eso no nos transforma en ingenuos; sabemos que el poder judicial es parte del mismo sistema cómplice del genocidio; sabemos que los Medios de comunicación fueron – ¡y son! – artífices de la mentira y que el poder económico pretende convencernos que ¡ya está!, que no hay que seguir hurgando la historia. Y es por eso que sabemos que no es cosa de “tener” memoria, verdad y justicia sino de militarlas. No es cosa de que cuatro o cinco preservativos sean encarcelados para invisibilizar a quienes los motivaron, impulsaron y manejaron (“idiotas útiles” los llamaban en mi época); no es cosa de aceptar cuatro o cinco slogans que caricaturicen el pasado; no es cosa de que un tic toc nos “sintetice” lo ocurrido. La verdad es ardua, exige ser investigada, discutida, debatida, pensada; la justicia exige que, hasta el último responsable, por microscópico que sea, pueda ser sancionado si se demuestra su responsabilidad en el genocidio; la memoria es militancia, es hacer memoria, buscar memoria, resistir la negación, el olvido o la complicidad…

 

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