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Educación Feminista para Defender la Vida, la Soberanía y los Derechos: Organizar, Resistir, Transformar

[Por: REPEM]

En el marco del Día Internacional de las Mujeres (8 de marzo) y de la próxima 70ª sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de Naciones Unidas (CSW70), las socias de la Red de Educación Popular entre Mujeres de América Latina y el Caribe (REPEM), presentes en 18 países de la región, compartimos este pronunciamiento colectivo.

 

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Mi grito por Cuba

[Por: Pedro Pierre]

Además de quererse apoderar de Groenlandia, Canadá y Panamá, el señor Trump decide que Palestina, Sudan y ahora Cuba son los países que deben desaparecer sea bajo las bombas, sea con el hambre. ¿Quién lo va a parar?

 

Oswaldo Uyaguari Aguirre, escritor guayaquileño, escribe: “Hasta ahora muchos no entendemos como un individuo violador, evasor de impuestos, matón, con más de 30 procesos penales llegó por segunda vez al poder en los EE.UU. Sólo una profunda crisis en la democracia de ese país podría explicarnos esta inconcebible realidad. Trump ha violentado los más elementales principios del Derecho Internacional. Este ególatra se cree el dueño del mundo y que puede hacer todo lo que quiera. Jamás en la historia moderna, con la excepción de Hitler en la…

 

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Desaprender la guerra

[Por: Leandro Sequeiros]

 

 

Mucha gente cree que la violencia, la defensa armada, y la agresión al que se considera enemigo son comportamientos naturales que tienen un fundamento genético. Incluso muchos de los expertos en etología (también premios Nobel) defendían el fundamento científico y biológico de bondad de las guerras e incluso, en algunos casos, su necesidad para equilibrar los ecosistemas e impulsar la evolución de la humanidad…

 

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Declaración de unidad por la defensa del territorio ancestral indígena de la Sierra Nevada de Santa Marta conocido como “La línea negra”

[Varias firmas]

Los pueblos indígenas de Colombia somos hijos de la tierra. A partir e nuestras leyes de origen, de los mandatos dados por los padres creadores, hemos cuidado y habitado nuestros territorios con el único fin de cuidar la vida, todas las formas de vida. De estos mandatos ancestrales nace el sistema de cuidado de la vida que hemos implementado en su integridad…

 

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Subsidio: El Señor me envió a evangelizar a los pobres

[Por: Enrique Alvear Urrutia]

Reflexión pastoral sobre la cuaresma como un tiempo de conversión y solidaridad con los pobres, publicada por Mons. Enrique Alvear Urrutia en 1981.

 

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¿Y si compartimos las fragilidades…?

[Por: Rosa Ramos]

“Desde nuestra fragilidad, nos hacemos cargo,

con otros, de transformar la realidad,

para hacer espacio a la vida”

Lema para la Cuaresma, parroquia San Antonino

 

Cuando era niña oía frases de este tipo que animaban a los vecinos a ayudarse, a superar juntos las dificultades cotidianas: “Juntos podemos”, “la unión hace la fuerza”, “unidos venceremos”. No eran, o no se sentían, como lemas triunfalistas. Con el pasar de años y décadas, creo que vamos descubriendo más las fragilidades propias, las de los compañeros de camino, y la necesidad de compartirlas para sostenernos y juntos transformar el entorno, abriendo espacios inéditos.

 

En el artículo pasado invitábamos a convivir con la fragilidad, aquí damos otro paso: confesarla y compartirla con otros. Vamos entendiendo que dos o muchas fragilidades no hacen una fragilidad mayor, sino ganar fortaleza y lucidez, a partir de reconocer los límites y que “solos no podemos”.

 

Un ejemplo claro y muy conocido es el de los grupos de Alcohólicos Anónimos (AA) que suelen reunirse en nuestras parroquias. Parten del conocimiento y declaración de su fragilidad. En cada reunión se recuerdan unos a otros y así animan a reconocerse a la persona que se acerca por primera vez: “Soy X, enfermo alcohólico…” y cuentan la historia de sus caídas, las pérdidas a consecuencia de su enfermedad: familia, amigos, trabajos…

 

También conocemos asociaciones de padres cuyos hijos tienen alguna patología que en otros tiempos se ocultaban. Actualmente se expresan, comparten el dolor, se sostienen en la dificultad y procuran ganar el ejercicio de derechos para sus hijos y el respeto de la sociedad.

 

Otro ejemplo bien conocido son las cooperativas. Las hay de diversos tipos, quizá las más visibles son las de vivienda, para abrir posibilidades y acceder juntos a lo que solos no se podría: la casa. Más allá de qué tipo de cooperativa se trate, hay valores éticos compartidos: igualdad, honestidad, transparencia, responsabilidad social y preocupación por los demás. Sus miembros creen y apuestan al bien común y procuran que las decisiones sean democráticas. Claro que no hay que romantizarlas, son organizaciones humanas también con fragilidades, pero con una opción clara: la ayuda mutua.

 

Hoy en día en que todos presumimos de lo que podemos, de lo que “ganamos” o de aquello en lo que somos fuertes, cuán liberador es ese ejercicio de decir en voz alta que sufrimos, que somos débiles y que hemos “perdido” mucho y muchas veces, que volvemos a caer. No se trata de victimizarse, ni de culpabilizarse, porque también es necesario caer juntos en la cuenta de que nuestra fragilidad no es ajena al entorno, a las problemáticas sociales y económicas de un mundo programado desde el interés de unos pocos… En todo caso “todos somos culpables” y “todos somos víctimas”.

 

Se trata de un ejercicio contracultural y sanador. Este reconocimiento y “confesión pública” de las fragilidades desarma el individualismo y la omnipotencia a la que somos lanzados a diario por esta sociedad adicta al poder, animándonos al sostén mutuo y a la búsqueda compartida de nuevos horizontes. O, como dice el lema de nuestra parroquia, ayudar a hacer espacio a la vida que puja.

 

Seguramente todos recordamos el oxímoron de San Pablo: “cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Co. 12, 10). Confía en la Gracia, en que la fuerza le viene de Dios precisamente en su debilidad. En ese reconocimiento de la fragilidad, asumiendo que en general es muy poco lo que podemos solos, nos soltamos y a la vez nos sostenemos en una fuerza trascendente. Hoy, contra ese individualismo que nos atomiza y deshumaniza, nos confiamos humildemente a la fortaleza que nos llega compartiendo la vida y la fe con hermanos tan débiles como nosotros. “Un hombre solo, una mujer, son como polvo, no son nada” escribió Goytisolo a su hija Julia. Nos humanizamos en racimo.

 

La vida siempre puja, es porfiada. Parece que fracasa una y otra vez, que se puede acabar con ella por decreto o por la fuerza… pero sabemos que la vida busca salidas como el agua, o rendijas por donde asomar como esos pastitos insolentes que desafían el hormigón. Recuerdo aquí una de las hermosas y actuales parábolas del reino de González Buelta en “Ver o perecer. Una espiritualidad de ojos abiertos”.

 

¡La vida es vital y contiene una fuerza “resucitadora”! Nuestra misión no es titánica ni solitaria, es humilde, consiste en confiar más allá de nuestras fuerza y permanecer juntos, haciendo espacio en nuestro interior y en los ambientes donde estamos, a esa vida que siempre puede sorprendernos.

 

Claro que no es fácil permanecer abiertos a las sorpresas de la vida. Nos estimulan a controlarlo todo, a saberlo todo de antemano, lo cual nos lleva engañosa y peligrosamente a creernos dueños, autores y directores de la vida.

Una mirada atenta a la Palabra de Dios, sin caer en fundamentalismos fruto de una lectura literal, nos ayuda a confiar en el autor de la vida, en la sabiduría de Dios que elige a los pequeños y frágiles para hacer maravillas. Así invita para guiar al pueblo, anunciando y a denunciando, a profetas jóvenes, ancianos, pecadores o poco locuaces; elige para dar vida a mujeres estériles y vírgenes; Jesús para hacer comunidad convoca a poco letrados y torpes, limitados por sus capacidades y sus pecados, los envía de dos en dos, confía en ellos. Los llamados del Antiguo y Nuevo Testamento tienen el común denominador de la apertura a lo nuevo, a ser canales de la Gracia, de la vida, de esa vida sorprendente que puede florecer en medio de las dificultades y carencias.

 

¡La vida es vital y contiene una fuerza resucitadora desde la fragilidad y la impotencia! No sólo, como si fuera poco, lo vemos en Jesús crucificado-resucitado, lo vemos -con los ojos de la fe- en muchas situaciones actuales. Madres que se unen para buscar a sus hijos o para salvarlos de un grave peligro; familias que se conectan con otras que comparten fragilidades semejantes; personas de bajos recursos que eligen formar cooperativas; trabajadores que juntos procuran conquistar derechos; adictos que se sostienen en la lucha contra su dependencia; mujeres que marchan juntas, reconociéndose valiosas y dignas de respeto; amigos y amigas que, siendo incondicionales, superan diferencias, errores y dificultades. Y tantos ejemplos más que cada lector desde su experiencia personal y comunitaria podrá recordar suscribir.

 

¡Que en este camino cuaresmal hacia la Pascua, nos anime, entonces, a compartir lo que somos y tenemos, también las carencias y debilidades! La fortaleza vendrá del Dios de la Vida, que en su fidelidad nos sorprenderá.

 

Imagen: https://www.thisiscolossal.com/2021/01/regardt-van-der-meulen-sculptures/

Acceder a Jesús, el encuentro con él, da luz a nuestra vida

[Por: Eduardo de la Serna]

Juan establece una estrecha relación simbólica entre Jesús, que es la luz y el que accede a la fe que es el que comienza –paulatinamente- a ver. Por el contrario, los que se niegan a creer resultan ser los verdaderos ciegos…

 

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4º Domingo da Quaresma: “Vai lavar-te na piscina de Siloé. O cego foi, lavou-se e voltou enxergando”

[Por: Jose Oscar Beozzo | O Fato Maringa]

No domingo passado, Jesus teve aquele memorável encontro com a mulher samaritana. Prometeu que lhe daria “água viva” e se dela bebesse nunca mais teria sede. Ela o chamou de profeta e depois especulou se ele não seria o Messias. Jesus declarou, então: “Sou eu que estou falando contigo” (Jo 4, 5-42). Neste domingo, João narra que Jesus “ao passar, viu um homem, cego de nascença” (Jo 9, 1-41). O evangelho não diz que ele viu, teve pena, lamentou a condição irremediável daquele homem e passou adiante como costumamos fazer quando nos defrontamos com um doente incurável, com um morador de rua “irrecuperável”, como dizem os profissionais de saúde das prefeituras e mesmo de organizações sociais que a eles se dedicam. Mas, imediatamente, há outros olhares que se apressam a julgar aquele cego Em primeiro lugar, o dos discípulos com um juízo moralista: Nessa condição miserável e irremediável, só pode ser um pecador!…

 

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Video: https://www.youtube.com/watch?v=9lEYGGQYIjU

El día que me iban a fusilar

[Por: Juan Manuel Hurtado López]

-Remembranzas de la Guerra Cristera-

 

“Habíamos llegado de traer un puñado de reses, eran unas cuantas vacas, unos toretes y un par de becerros. Unas 12 cabezas de ganado. Ya se había metido el sol y empezaba a oscurecer”.

 

Eso contaba Santiago unos meses después a unos parientes que habían venido del norte, y que estaban interesados en saber cosas de la Guerra Cristera. Les contaba de algo que pudo convertirse en una tragedia.

 

“Habíamos salido un par de semanas atrás de Tierra Caliente –continuó narrando Santiago- allá por Michoacán, y llegábamos a nuestra tierra todos hambreados, cansados y somnolientos. Por fin íbamos a descansar un poco”.

 

No era la primera vez que iban a Tierra Caliente a comprar ganado. Ya habían ido otras tres o cuatro veces allá por Los Reyes, Apatzingán, Nueva Italia, Michoacán. Y siempre regresaban con una buena partida de ganado.

 

Llegamos pues, y metimos el ganado al corral, les echamos un poco de rastrojo, y lo mismo hicimos con los caballos, después de desensillarlos y quitarles el freno. Así nomás los soltamos en el corral. Éramos cuatro vaqueros: Sebastián, Nicolás, Gumersindo y yo”.

 

Eso dijo Santiago, que se acababa de tender en el suelo sobre una piedra laja y recargando su cabeza sobe su sombrero, tal era su cansancio.

 

Los otros tres vaqueros se recostaron también sobre el suelo, muertos de hambre y de cansancio.

 

Al rato llegó la esposa de Santiago, Lucero, con unos tacos de frijoles y unas tazas de chocolate.

 

Los cuatro vaqueros comían y masticaban en silencio. Hasta el aliento se les había ido –bueno, eso parecía-.

 

Ya como a las 9 de la noche, Santiago dijo: “Bueno, muchachos, vamos a descansar, yo tengo mucho sueño”. Y se metió a su casa. Los otros tres vaqueros se fueron a dormir a una troje que estaba ahí cerca.

 

Serían las 10 de la noche cuando de pronto se oyeron unos golpes en la puerta de madera. Eran unos golpes secos, como dados con la culata de un máuser.

 

“Abre la puerta, no te escondas” –se oyó que gritaban allá afuera de la casa- Los golpes se siguieron repitiendo cada vez más agudos y las voces cada vez más fuertes: “¡Que abras! ¿No te estoy diciendo?”

 

“¿Qué hacer? –pensó Santiago- Tengo a mi esposa y a mis tres hijos pequeños. Si no abro, nos van a matar a todos”.

 

Por fin, sudando y con gran temor, Santiago abrió la puerta. No tuvo tiempo de preguntarles “¿Qué se les ofrece, señores?” Así nomás, de repente, el capitán acompañado de dos soldados, ordenó: “¡Agárrenlo y amárrenlo de las manos!”. “¿Pero yo qué he hecho? –alcanzó a exclamar Santiago-.

 

En eso uno de los soldados le vendó los ojos con un paño negro.

 

“Síganme” –ordenó el capitán- Atrás marchaban los dos soldados, y en medio de ellos, Santiago, bien amarrado de las manos y con los ojos vendados.

 

¿Adónde me llevan? –Preguntó Santiago-

 

Ya lo verás esta noche -contestó el capitán indiferente al sufrimiento, incertidumbre y miedo que invadieron el corazón y la mente de Santiago-

 

Santiago pensaba en su esposa y en sus hijos pequeños. Por más que rogó a sus captores que lo soltaran, que él era inocente, ellos ya tenían su plan y lo seguían empujando.

 

Como Santiago iba vendado, de vez en cuando sus pies chocaban con alguna piedra, caían en un pequeño pozo o chocaban con una elevación del terreno.

 

“Ahora si te llevó la…”-comentó con sonrisa irónica uno de los soldados-

Santiago recordó su pasado, su amor por su esposa, sus hijos, sus padres y hermanos. Su mente era un torbellino de ideas, imágenes. Su corazón era un mar de sentimientos, angustias, miedos.

 

“Es que todo fue tan rápido” –pensó Santiago- Hasta el cansancio se le había olvidado. Aquella larga jornada en que arriaron animales desde Tierra Caliente hasta El Arroyo, durante más de dos semanas.

 

“Eso ya quedó en el pasado –pensó Santiago- ahora lo importante es ver cómo salgo de ésta”.

 

Llevaban más de dos horas y media caminando. “¿Adónde me llevarán? –Se preguntaba Santiago-

 

“¿Aquí está bueno, mi capitán? –preguntó uno de los soldados-

 

“No, caminemos un poco más” –contestó el capitán-

 

Para la mente de Santiago todo era muy raro, muy sorprendente, muy desconocido. “¿Me irán a matar?” –Se preguntaba-.

 

Adivinaba un poco el rumbo del camino en el que se encontraban, porque muchas veces había recorrido esos caminos de día y de noche. Pero no acertaba a saber exactamente dónde se hallaban.

 

Por fin el capitán se detuvo.

 

“Aquí está bueno” –dijo el capitán-

 

“Muchachos, ya saben, a hacer su trabajo” –ordenó el capitán a los dos soldados-

 

Era cerca de la una de la mañana. Sólo el silbido del viento se escuchaba en aquella región. El frío calaba un poco los huesos.

 

El capitán se sentó y encendió un cigarrillo, sin ofrecerles a sus ayudantes.

 

A Santiago lo sentaron sobre una piedra y todavía le amarraron los pies. Hasta ahí llegaba el olor a tabaco que se desprendía del cigarrillo que fumaba el capitán. Santiago recordó que también él fumaba y que –pues total, en esa hora tan incierta de su vida, le hubiera gustado fumar también un cigarrillo-.

 

“Ahora sí que te vas a joder”, gritó el capitán.

 

“¿Pero que hice de mal?” –le preguntó Santiago-. ¿Qué no ve que tengo una esposa y tres hijos pequeños?

 

Aquí debemos decir a nuestro lector que durante la guerra cristera pasaban muchos casos muy semejantes a éste que estamos conociendo de la mano de Santiago.

 

Mientras tanto los soldados estaban haciendo el cuadro. Así llamaban a un rectángulo hecho sobre el suelo con sogas o con piedras –a veces cortaban el suelo con alguna barra o una pala de pico- colocaban al detenido en el centro y ahí lo fusilaban.

 

Santiago se encomendó a la Virgen de Guadalupe, esperando todavía que aconteciera un milagro. Ella si podía librarlo de aquella hora, ella era muy poderosa. Santiago reunió toda la fe que pudo: la de sus padres, la de sus abuelos, la de su esposa, la del sacerdote del pueblo y la suya propia, y apretándola como en un racimo, la expresó en una promesa: “Virgen de Guadalupe, Madre Mía, si me libras de esta muerte inminente, yo te prometo que voy a verte desde aquí de mi tierra hasta tu Basílica de México, y lo voy a hacer a pié”.

 

Santiago pensó en Cristo Rey, en San José, en San Miguel Arcángel, los Santos de su devoción.

 

“Mi capitán, ya está hecho el cuadro” –le dijo uno de los dos soldados-.

“Pues desamárrenlo de los pies y pónganlo al centro del cuadro” –ordenó el capitán, agarrando ya su rifle con la mano derecha.

 

Santiago estaba vendado, con las manos amarradas y parado en el centro del cuadro. Todo estaba ya listo para la ejecución.

 

De pronto se oyó un galope de caballos, y en un abrir y cerrar de ojos, ya estaban ahí. Era una partida de soldados comandados por el Coronel Zambrano. Al llegar frenaron sus caballos de manera brusca.

 

“¿Quién es?” –preguntó el coronel Zambrano al capitán-

 

“Es Santiago, el del Arroyo” –contestó el capitán-

 

“A ver, quítenle la venda de los ojos”-ordenó el coronel-

 

En cuanto lo reconoció, dijo: “¡Ah, de ese pobre yo me encargo, que ya le traía ganas de encontrarlo!” –gritó el coronel Zambrano-

 

“Como Usted ordene, mi coronel –contestó el capitán-

 

“Suéltenlo y déjenmelo a mí, que yo me encargo del asunto”.

 

Así se hizo. Hicieron montar a Santiago en un caballo y lo echaron por delante del coronel y sus soldados.

 

Como a los veinte minutos de caminar a media noche, divisaron una loma con un arroyo en el fondo. “Alto ahí” –ordenó el coronel Zambrano-

“A ver tu muchacho –le dijo a Santiago- bájate del caballo y pélale por ese arroyo y escóndete, que no te vuelvan a ver”.

 

A Santiago le temblaban las piernas al intentar correr, pero así y todo, corrió lo que pudo y se perdió en la negrura de la noche y del arroyo.

 

Meses después contó Santiago, que él y su papá les habían dado rastrojo a los caballos de un pelotón de soldados, comandado por el coronel Zambrano, y que les habían dado de cenar a él y a los soldados de la tropa.

 

FIN

Creer en Jesús rompiendo nuestras cegueras

[Por: Olga Consuelo Vélez]

Este cuarto domingo de cuaresma la liturgia nos ofrece otro encuentro de Jesús con una persona, en este caso, un ciego de nacimiento. El texto tiene varios detalles a tener en cuenta. Parte de la creencia de los discípulos en la ley de la retribución en la que el mal que le afecta a una persona tiene alguna casa personal o de sus padres. Jesús no acepta dicha ley y así se lo expresa a sus discípulos. El hecho ocurre en sábado y la curación se realiza con la arcilla que Jesús pone en los ojos del ciego. Trabajar la arcilla en día sábado es inaceptable para el descanso sabático, lo mismo que curar ese día. Con esto ya vemos la postura de Jesús ante la Ley: está ha de estar al servicio de la vida y no al contrario…

 

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