28 de Octubre de 2016
[Por: Eduardo de la Serna]
“En la comunicación entre personas lo más frecuente (aunque no lo único) es recurrir a palabras. La palabra, oral o escrita, ‘dice’, comunica, expresa un universo de cosas. Las palabras, aún las más sencillas y cotidianas, frecuentes y recurrentes tienen un universo que las implica. Decir ‘casa’ no es una idea arquitectónica –aunque puede serlo – es decir calidez, cobijo, alimento, amor (o no), familia, seguridad (o no) y muchísimas ‘palabras’ más. Incluso, con muchísimo frecuencia, en una palabra se encierran tantos sentidos que en ocasiones es preciso precisarlos, o – en otros casos – éstos son utilizadas tramposamente para que los oyentes ‘escuchen’ una cosa cuando en realidad el dicente está ‘diciendo’ otra (…)”.
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[Por: Eduardo de la Serna]
“En la comunicación entre personas lo más frecuente (aunque no lo único) es recurrir a palabras. La palabra, oral o escrita, ‘dice’, comunica, expresa un universo de cosas. Las palabras, aún las más sencillas y cotidianas, frecuentes y recurrentes tienen un universo que las implica. Decir ‘casa’ no es una idea arquitectónica –aunque puede serlo – es decir calidez, cobijo, alimento, amor (o no), familia, seguridad (o no) y muchísimas ‘palabras’ más. Incluso, con muchísimo frecuencia, en una palabra se encierran tantos sentidos que en ocasiones es preciso precisarlos, o – en otros casos – éstos son utilizadas tramposamente para que los oyentes ‘escuchen’ una cosa cuando en realidad el dicente está ‘diciendo’ otra (…)”.
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