12 de Setiembre de 2014
(Pilar Puertas- Instituto de Teología y Política Münster, Alemania) En este apartado de la exhortación apostólica, Francisco hace un buen diagnóstico de las tentaciones que aquejan actualmente a los agentes de pastoral: una preocupación exagerada por los espacios personales de autonomía y esparcimiento; un aumento del individualismo, aunado a una crisis de iden-tidad y una disminución del fervor (78); inseguridad ante la desconfianza y el desencanto de la socie-dad ante el mensaje de la iglesia (79); un relativismo más peligroso que el doctrinal, que tiene que ver con las opciones fundamentales y los lleva a aferrarse a seguridades materiales o espacios de poder (80); una falta de entusiasmo ante un trabajo que produce cansancio e insatisfacción (82) y que poco a poco va desgastando la fe y provocando desilusión ante la realidad, ante la iglesia y ante uno mismo (83); un espíritu pesimista de derrota (85); una aridez espiritual en sociedades que quieren construirse sin Dios o que se oponen violentamente al cristianismo (86); una mundanidad espiritual que más bien bus-ca la gloria humana y el bienestar personal (93).
(Pilar Puertas- Instituto de Teología y Política Münster, Alemania) En este apartado de la exhortación apostólica, Francisco hace un buen diagnóstico de las tentaciones que aquejan actualmente a los agentes de pastoral: una preocupación exagerada por los espacios personales de autonomía y esparcimiento; un aumento del individualismo, aunado a una crisis de iden-tidad y una disminución del fervor (78); inseguridad ante la desconfianza y el desencanto de la socie-dad ante el mensaje de la iglesia (79); un relativismo más peligroso que el doctrinal, que tiene que ver con las opciones fundamentales y los lleva a aferrarse a seguridades materiales o espacios de poder (80); una falta de entusiasmo ante un trabajo que produce cansancio e insatisfacción (82) y que poco a poco va desgastando la fe y provocando desilusión ante la realidad, ante la iglesia y ante uno mismo (83); un espíritu pesimista de derrota (85); una aridez espiritual en sociedades que quieren construirse sin Dios o que se oponen violentamente al cristianismo (86); una mundanidad espiritual que más bien bus-ca la gloria humana y el bienestar personal (93).
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