05 de Setiembre de 2014
(Antonio Gil de Zúñiga) El orar litúrgico adolece de un lenguaje arcaico y a veces provocador. Es muy llamativo que la liturgia que fue un factor de cambio en la teología (JA. Jungmann, K.Rahner…) hasta el concilio Vaticano II, después de éste no se llevó a cabo una reforma en profundidad de la liturgia. Se puede decir que lo más espectacular de la liturgia posconciliar es el empleo de las lenguas vernáculas y las traducciones de los textos litúrgicos más o menos adaptables a nuestro lenguaje de hoy. Pero el formato y estructura de los mismos son idénticos a los tiempos del latín. Si nos fijamos, por ejemplo, en la liturgia de las horas se rezan o cantan salmos provocativos, cuya presencia se debe a que a algún escritor medieval lo consideró como mesiánico y de ahí ha pasado de cenobio en cenobio hasta nuestros días. Sin ir más lejos en el salmo 40 (vísperas del viernes de la 1ª semana) donde un enfermo reza a Dios por su curación, pero además, a la vista de que hasta sus amigos murmuran de la gravedad de su enfermedad, pide a Dios: “haz que pueda levantarme, para que yo les dé su merecido”. Y en el salmo 149 (laudes del domingo 1ª semana): “Que los fieles festejen su gloria/… con vítores a Dios en la boca/ y espadas de dos filos en las manos/ para tomar venganza de los pueblos/ y aplicar el castigo a las naciones”. Léase, pues, yihad, guerra santa o cruzada.
(Antonio Gil de Zúñiga) El orar litúrgico adolece de un lenguaje arcaico y a veces provocador. Es muy llamativo que la liturgia que fue un factor de cambio en la teología (JA. Jungmann, K.Rahner…) hasta el concilio Vaticano II, después de éste no se llevó a cabo una reforma en profundidad de la liturgia. Se puede decir que lo más espectacular de la liturgia posconciliar es el empleo de las lenguas vernáculas y las traducciones de los textos litúrgicos más o menos adaptables a nuestro lenguaje de hoy. Pero el formato y estructura de los mismos son idénticos a los tiempos del latín. Si nos fijamos, por ejemplo, en la liturgia de las horas se rezan o cantan salmos provocativos, cuya presencia se debe a que a algún escritor medieval lo consideró como mesiánico y de ahí ha pasado de cenobio en cenobio hasta nuestros días. Sin ir más lejos en el salmo 40 (vísperas del viernes de la 1ª semana) donde un enfermo reza a Dios por su curación, pero además, a la vista de que hasta sus amigos murmuran de la gravedad de su enfermedad, pide a Dios: “haz que pueda levantarme, para que yo les dé su merecido”. Y en el salmo 149 (laudes del domingo 1ª semana): “Que los fieles festejen su gloria/… con vítores a Dios en la boca/ y espadas de dos filos en las manos/ para tomar venganza de los pueblos/ y aplicar el castigo a las naciones”. Léase, pues, yihad, guerra santa o cruzada.
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