18 de Julio de 2014
Eduardo de la Serna
Ya pasó tiempo de la sentencia que condenó a Luciano Benjamín Menéndez y a Estrella por el asesinato del obispo Enrique Angelelli. Pasó tiempo… suficiente como para esperar alguna palabra episcopal. Para esperar en vano.
Esperaba ingenuamente que alguno dijera “hemos callado”, o “pedimos perdón”. O reconocer que los “hermanos mayores” fueron cobardes, para no tener que decir cómplices. O, disimuladamente, deseaba escuchar una palabra clara, como proponer a Angelelli como modelo de cura y creyente (¡y de Obispo!!!) O deseaba escuchar hablar de martirio. O…
¡Pero no! Nada de eso. ¡Nada! A lo sumo alguna carta pastoral lavada, mediocre y cobarde. Nada de hablar de asesinato, de culpables, y menos aún de martirio. Cartas con citas de otros para no hacerse cargo de las propias palabras, cartas donde “Angelelli cayó”, o donde Angelelli “entregó su vida”, sin nadie que se la arrancara.
(Ver artículo completo)
----------------------------
Eduardo de la Serna
Ya pasó tiempo de la sentencia que condenó a Luciano Benjamín Menéndez y a Estrella por el asesinato del obispo Enrique Angelelli. Pasó tiempo… suficiente como para esperar alguna palabra episcopal. Para esperar en vano.
Esperaba ingenuamente que alguno dijera “hemos callado”, o “pedimos perdón”. O reconocer que los “hermanos mayores” fueron cobardes, para no tener que decir cómplices. O, disimuladamente, deseaba escuchar una palabra clara, como proponer a Angelelli como modelo de cura y creyente (¡y de Obispo!!!) O deseaba escuchar hablar de martirio. O…
¡Pero no! Nada de eso. ¡Nada! A lo sumo alguna carta pastoral lavada, mediocre y cobarde. Nada de hablar de asesinato, de culpables, y menos aún de martirio. Cartas con citas de otros para no hacerse cargo de las propias palabras, cartas donde “Angelelli cayó”, o donde Angelelli “entregó su vida”, sin nadie que se la arrancara.
(Ver artículo completo)
----------------------------
©2017 Amerindia - Todos los derechos reservados.