Rescatar el respeto irrestricto al ser humano y a todo ser

12 de Setiembre de 2026

[Por: Leonardo Boff]




Ya hemos constatado en este espacio la erosión de la ética que alcanza todos los ámbitos de la vida. Lo mismo puede decirse de la falta de respeto entre las personas, las sociedades y las naciones. Hechos clamorosos son la falta absoluta de respeto de las fuerzas de Israel al cometer genocidio contra cientos de niños inocentes de la Franja de Gaza. Lo mismo ocurre en Sudán y en otros lugares en guerra. Tales tragedias forman parte de la actual crisis civilizatoria.

 

Tenemos que rescatar el respeto ilimitado como valor fundamental. No solamente entre los seres humanos. Con la nueva conciencia ecológica y las nuevas ciencias vinculadas a la vida, a la naturaleza, al cerebro y a la nueva cosmología, entendida como cosmogénesis —es decir, el universo todavía en expansión y complejización—, el respeto a la Tierra, a la naturaleza y a todo ser se vuelve un imperativo, pues todos están dentro de la dinámica del proceso evolutivo y poseen historia, cierta subjetividad y derechos que deben ser respetados.

 

Para esta tarea me sirvo de alguien que, además de médico, dedicó toda su vida a pensar el respeto. Me refiero a Albert Schweitzer (1875-1965), oriundo de Alsacia.

 

Desde muy temprano mostró rasgos de genialidad. Se convirtió en un famoso exégeta bíblico, con una vasta obra, especialmente sobre cuestiones relacionadas con la posibilidad o no de elaborar una biografía científica de Jesús. Fue también un eximio organista e intérprete de las obras de Bach, ofreciendo conciertos por toda Europa.

Como consecuencia de sus estudios sobre el mensaje de Jesús, especialmente del Sermón de la Montaña, con su centralidad en el pobre, el hambriento y el sediento, resolvió abandonarlo todo y estudiar medicina.

 

Una vez graduado, en 1913 se trasladó a África como médico, a Lambaréné, en Gabón, precisamente a aquellas regiones que habían sido dominadas y explotadas por los colonizadores europeos. Lo expresa explícitamente en una carta:

 

«Lo que necesitamos no es enviar allí misioneros que quieran convertir a los africanos, sino personas que estén dispuestas a hacer por los pobres lo que debe hacerse, si el Sermón de la Montaña y las palabras de Jesús tienen algún valor. Si el cristianismo no realiza esto, ha perdido su sentido. Después de haber reflexionado mucho, esto quedó claro para mí: mi vida no es ni la ciencia ni el arte, sino convertirme en un simple ser humano que, en el espíritu de Jesús, hace alguna cosa, por pequeña que sea» (Schweitzer, 1994, pp. 25-26).

 

En su hospital, especialmente dedicado a personas con lepra, en el interior de la selva tropical, entre una atención y otra a los enfermos, encontraba tiempo para reflexionar sobre los destinos de la cultura y de la humanidad.

 

Consideraba que la falta de una ética humanitaria constituía la mayor crisis de la cultura moderna. Dedicó años al estudio de las cuestiones éticas, que tomaron cuerpo en varios libros, siendo el principal de ellos El respeto ante la vida (Ehrfurcht vor dem Leben), que cito al final de este artículo.

 

Toda su ética gira en torno al respeto, la veneración, la compasión, la responsabilidad y el cuidado hacia todos los seres, especialmente hacia aquellos que más sufren.

 

El punto de partida de Schweitzer es el dato primario de nuestra existencia: la voluntad de vivir, que se expresa así:

 

«Yo soy vida que quiere vivir en medio de vidas que también quieren vivir» (Wie wir überleben können, p. 73).

 

A la voluntad de poder (Wille zur Macht) de Nietzsche, Schweitzer contrapone la voluntad de vivir (Wille zum Leben). Y continúa:

 

«La idea clave del bien consiste en conservar la vida, desarrollarla y elevarla a su máximo valor; el mal consiste en destruir la vida, perjudicarla e impedir que se desarrolle. Este es el principio necesario, universal y absoluto de la ética» (op. cit., pp. 52 y 73).

 

Para Schweitzer, las éticas vigentes son incompletas porque se ocupan solamente de los comportamientos de los seres humanos frente a otros seres humanos y olvidan incluir a la naturaleza y a todas las formas de vida que se nos presentan. El respeto que debemos a la vida «engloba todo lo que significa amor, entrega, compasión, solidaridad y compartir» (op. cit., p. 53).

 

En una palabra:

 

«La ética es la responsabilidad ilimitada por todo lo que existe y vive» (Wie wir überleben können, p. 52; Was sollen wir tun?, p. 29).

 

Como nuestra vida es vida con otras vidas, la ética del respeto a la vida deberá ser siempre un con-vivir y un con-sufrir (miterleben und miterleiden) con los otros. En una formulación sucinta afirma:

 

«Debes vivir conviviendo y conservando la vida; este es el mayor de los mandamientos en su forma más elemental» (Was sollen wir tun?, op. cit., p. 26).

 

De allí se derivan comportamientos de gran compasión y cuidado. Interpelando a sus oyentes en una homilía, exhorta:

 

«Mantén tus ojos abiertos para no perder la ocasión de ser un salvador. No pases de largo, inconsciente, ante el pequeño insecto que se debate en el agua y corre el riesgo de ahogarse. Toma un palito y retíralo del agua, sécale las alas y experimenta la maravilla de haber salvado una vida y la felicidad de haber actuado por encargo y en nombre del Todopoderoso. Al gusano que se perdió en el camino duro y seco y que no puede hacer su agujero, retíralo y colócalo en medio de la hierba. “Lo que hicieron a uno de estos más pequeños, a mí me lo hicieron”. Esta palabra de Jesús no vale solamente para nosotros, los seres humanos, sino también para las más pequeñas de las criaturas» (Was sollen wir tun?, op. cit., p. 55).

 

La ética del respeto de Albert Schweitzer une inteligencia emocional y cordial en un esfuerzo por hacer de la ética un camino de salvaguarda de todas las cosas y de rescate del valor que poseen en sí mismas.

 

El mayor enemigo de esta ética es el embotamiento de la sensibilidad, la inconsciencia y la ignorancia, que hacen perder de vista el don de la existencia y la excelencia de la vida en todas sus formas. El ser humano está llamado a ser guardián de cada ser vivo. Al realizar esta misión alcanza el grado más elevado de su humanidad.

 

Las Escrituras son claras: el ser humano ha sido hecho cuidador y guardián del jardín del Edén, de la Tierra-Madre.

 

Concluimos con la siguiente observación: o vivimos el respeto incondicional hacia todo ser, especialmente hacia todo ser vivo y, en particular, hacia el ser humano, o perdemos la base que sostiene el compromiso con la dignidad y los derechos humanos.

 

Otro habría sido el camino de la modernidad si este ideal hubiera sido asumido como central y no la voluntad de poder.

 

Si no respetamos a todo ser, terminaremos por no respetar al ser humano, hombre y mujer, el ser más complejo y misterioso de la creación. Pero también el más vulnerable cuando es pobre, está enfermo o es discriminado.

 

Sin el respeto y la veneración perdemos también la memoria de lo Sagrado y de lo Divino que atraviesan el universo y que emergen en la conciencia humana.

 

Bibliografía citada

 

SCHWEITZER, A., Ehrfurcht vor dem Leben. Grundtexte aus fünf Jahrhunderten, C. H. Beck Verlag, Múnich, 1966.

Kultur und Ethik, C. H. Beck Verlag, Múnich, 1960.

Wie wir überleben können. Eine Ethik für die Zukunft, Herder, Friburgo, 1994.

Was sollen wir tun?, Verlag Lambert Schneider, Heidelberg, 1986.

 

Leonardo Boff escribe para la revista LIBERTA del ICL. (https://www.revistaliberta.com.br) Escribió también Transparencia en las personas y en las instituciones, Vozes, 2025. (https://www.leonardoboff.org)

Procesar Pago
Compartir

debugger
0
0

CONTACTO

©2017 Amerindia - Todos los derechos reservados.