[Por: Luis Van de Velde]
Dios no hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera. Las creaturas del mundo son saludables, no hay en ellas veneno de muerte. Dios creó al hombre incorruptible, lo hizo a imagen de su misma naturaleza. El Dios que no muere quiso también tener un hijo en la tierra que no muriera. Queda claro, en la palabra de Dios hoy, esta proclamación que nos debe llenar de un sublime respeto a la vida: Dios no ha hecho la muerte; Dios hizo la vida y que subsista y no muera.” (1 de julio de 1979)
Las cifras son frías, pero dicen mucho. Diariamente mueren más de 25 000 personas en el mundo por causas relacionadas con el hambre. El 75 % son niños y niñas. Más de 800 millones de personas pasan hambre constantemente. Y no es que no haya comida en este mundo, sino que sobra y, en los países ricos, se tiran y se destruyen toneladas de comida para mantener los precios. No es que no haya tierras fértiles para producir alimentos, sino que la gran mayoría de los gobiernos y la clase adinerada prefieren producir artículos que reporten más ganancias y riquezas. Las guerras (alimentadas con armas de los países llamados «desarrollados») provocan hambre. También en El Salvador sufrimos una estructura económica que mantiene y profundiza la situación de extrema pobreza y hambre de muchas familias…
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