50 años de entrega al pueblo nicaragüense

28 de Junio de 2026

[Homenaje al Padre Rafael Aragón]




Hoy se cumplen 50 años desde que dejaste a tus hermanos en España para venir al encuentro de otros hermanos en Nicaragua. Llegaste a una tierra empobrecida, marcada por profundas desigualdades sociales, donde la mayoría de la población vivía en la marginación. Era un país en el que cerca del 78 por ciento de sus habitantes eran analfabetos y donde, especialmente para los pueblos indígenas y los sectores más humildes, parecía que existían más deberes que derechos.

 

Gracias por haber entregado tu vida a este pueblo. A un pueblo que, a lo largo de su historia, ha sido dividido por ideologías, conflictos y heridas profundas, pero al que tú has enseñado el valor de la unidad, la fraternidad y el respeto mutuo. A través de tus cursos de Cristiandad nos enseñaste a pensar, a desarrollar una conciencia crítica, a cuestionar la realidad y a buscar la verdad con libertad, responsabilidad y compromiso.

 

También enseñaste a leer a campesinos nicaragüenses utilizando la Biblia como instrumento de aprendizaje, reflexión y dignificación humana. Allí donde otros veían pobreza y abandono, tú sembraste esperanza, conocimiento y conciencia. Tu labor ayudó a despertar la voz de quienes durante mucho tiempo habían permanecido en silencio.

 

Yo lo conocí a usted padre Rafael, en Costa Rica, estos  años de exilio. En estos tiempos difíciles pudimos experimentar una vez más los NICAS tu cercanía, tu solidaridad y tu profundo amor por Nicaragua y por los nicaragüenses. Nos acompañas en estos momentos en que la nostalgia, la incertidumbre y el dolor pesan sobre nuestros hombros, recordándonos que la esperanza es también una forma de resistencia.

 

Sigues siendo la voz profética del pastor que camina junto a su pueblo en medio de este valle de lágrimas que aún vivimos. Tu palabra continúa alentándonos, orientándonos y recordándonos que la fe auténtica no puede separarse de la justicia, la verdad, la solidaridad y la defensa de la dignidad humana.

 

Hoy, desde el Centro de Derechos Humanos que hemos fundado, continúas compartiendo tus enseñanzas y acompañando al pueblo nicaragüense. Sigues estando del lado de los pobres, de los excluidos y de los oprimidos. Tu opción preferencial por quienes más sufren permanece firme e inclaudicable. Tu presencia, tu consejo y tu acompañamiento han sido valiosos cada vez que nuestro pueblo ha atravesado momentos de oscuridad y dolor.

 

Después de medio siglo de entrega generosa, podemos decir con orgullo que eres tan nicaragüense como yo y como el más de un millón de compatriotas que hoy vivimos lejos de nuestra patria amada.

 

Nicaragua lo recibió  a usted como misionero, pero te convirtió en uno de sus hijos. Tu historia ya forma parte de nuestra historia, y tu compromiso es parte de la memoria viva de nuestro pueblo.

 

Gracias, Padre Rafael, por estos cincuenta años de servicio, amor, coherencia y fidelidad. Gracias por caminar junto a nosotros en los tiempos de esperanza y también en los tiempos de prueba. Que Dios continúe bendiciendo tu vida y fortaleciendo tu misión, y que tu testimonio siga iluminando el camino de las generaciones presentes y futuras.

 

¡Gracias por haber hecho de Nicaragua tu hogar y de los nicaragüenses tu familia!

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