[Por: Carina Fulotti]
Todos conocemos esa emoción tan básica que es el miedo. Ella enciende una alerta para protegernos en circunstancias que sentimos amenazantes, ayudándonos a sobrevivir y a cuidar la vida propia y la de otros. Pero también sabemos por experiencia que puede ser muy mal consejero. A veces nos dificulta crecer, equivocarnos y volver a empezar; o convierte la proximidad en peligrosa indiferencia ante los demás; o va minando nuestra estima por medio de comparaciones que desalientan. Incluso nos lleva a mirar a Dios como un controlador que fiscaliza nuestra vida para premiar o castigar…
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