06 de Junio de 2026
[Por: Diego Irarrazaval]
En las Américas sobresalen habilidades individuales y saberes socio-económicos -como es el arte de tejidos con cálidos colores y también la gestión comercial de bienes comunes-. Son formas de colaboración familiar y comunal, de progreso ancestral y moderno, de ordenamiento festivo y espiritual. Nos lo demuestra Luisa Gualán, y tantas otras manos y mentes milagrosas (en Ecuador, en Guatemala y Méjico, etc,). Son regalos y son materializaciones del bien-vivir.
Con respecto a textiles tales como la inkuña (tejido ritual) de las ceremonias andinas, la chuspa (bolsa) y la wayaka (talega/bolsa grande), se constatan dos lados simétricos con diversas bandas y colores de lana (que constituyen el ´cuerpo´ del tejido), y al centro es ubicada una banda impar (considerada el ´corazón´). Así, estos objetos son considerados entidades vivientes. Por ejemplo, mucho tejido andino tiene bordes de color café que sirven como mediación entre el tejido y el medio ambiente (y se intercalan café, negro, blanco, y algunas lanas teñidas). Varias personas que hacen tejidos me han informado que sus tejidos tienen boca, corazón, orejas, y con ellos se dialoga (y se les halaga si salen bonitos). Existen pues lenguajes (de carácter textil) que tienen un carácter revitalizador; no excluyen aspectos de la realidad; implican espiritualidades armónicas.
En todas partes nos agrada confiar y corresponder a los demás con cariñosa y eficaz fe humana. Esto ocurre donde hay creencias más o menos luminosas y donde hay otras aparentemente inhumanas. Quienes nos rodean a veces dicen “cada uno anda por su cuenta”, “ahora nadie cree”, “gracias a Dios estoy bien”, y otras expresiones. Abundan las incógnitas, reaparecen búsquedas de sentido, y se anhela confiar y agradecer la vida. Este libro desenvuelve algunas temáticas llamadas profanas, inquietudes históricas, convicciones, opciones creyentes.
La primera parte (“Hoy y Mañana: Transición Civilizacional.”) enuncia el entorno tecno-comunicacional y vivencial. Una segunda parte (“Conversaciones teologales”) recorre conversatorios de carácter teologal (que agradezco a personas y organismos en varias partes del mundo). La tercera parte (“Fiesta simbólica e intercreyente”) se refiere a celebraciones y otras actividades simbólicas (principalmente en áreas sud y centro americanas). En cada capítulo se dialoga con personas interesadas o atentas al acontecer socio-espiritual y sus inmensos desafíos. Tengo limitaciones, adicciones inter-culturales, y unos enfoques parciales.
Cabe contrastar y sumar enfoques, corregir, recrear (y tanto más) según espacios y participantes en cada caso. En la actividad cotidiana tenemos un polo que es la dedicación al fascinante progreso moderno, y otro amplio polo al convivir en concretos territorios y procesos. Esto requiere iniciales aclaraciones, que irán siendo retomadas a lo largo del libro.
Al dialogar numerosas personas confunden creencia y fe. Para evitar simplismos, opino que es bueno desentrañar el por qué y el hacia qué tenemos creencias y trayectorias de fe; por ejemplo, entender fe que brota del sufrimiento y del admirar y venerar, y elucidar ritos y devociones con sus valores y sus cerrojos.
El aspecto subjetivo -que sobresale en la época que transitamos- es como un “terreno donde la vida se mueve”, consiste en creer que y creer en; ´creer que´ al estar en una entidad significativa, y un más hondo ´creer en´, contando con alguien excepcional y trascendente; estas líneas vienen de José Ferrater Mora; Considero atinada la expresión ´terreno donde la vida se mueve´; porque no congela las vivencias comunes. Antonio Bentué valora búsquedas religiosas de la historia humana, y anota su “profundidad antropológica y, a la vez, las diferencias, a menudo irreductibles”, y “abrirnos también todos, al mismo Espíritu de Dios … permitiendo un común Pentecostes”.
En reflexiones latinoamericanas, coincido con Ricardo Salas que anota las raíces cosmológicas “que tienden a re-significarse en términos más existenciales e históricos”, y uno agradece el llamado hecho por Luis Bahamondes y Antonieta Vera a “repensar la religiosidad tradicional en el contexto de una sociedad cada vez más diversa donde pasado y presente confluyen en la emergencia de nuevos fenómenos y procesos que le otorgan sentido a la vida de individuos”. Confluyen los tiempos y emergen procesos.
Al respecto, la comunidad cristiana conmemora la práctica y enseñanza de Jesucristo: la divina misericordia y sus implicancias históricas y emocionales. El Espíritu derrama dones y carismas de sabiduría y de responsabilidad ética en pequeños y postergados. En Nazaret y en el mundo de hoy, gozamos porque la verdad ha sido “ocultada a sabios y prudentes y ha sido revelada a pequeños” (Lucas 10,21). Esto nos anima e impulsa a reconsiderar actitudes de individuos, comunidades, multitudes solidarias.
Vivencias comunes de lo sagrado, y anotaciones históricas sobre religión y fe (involucradas en el progreso), motivan grandes cavilaciones. Un connotado historiador, Robert Nisbet, examina 3 mil años civilizatorios, en Occidente, y ofrece estas anotaciones ”hay que retomar hoy condiciones para progresar, y fe en el progreso pasado, presente, futuro”; “la piedra angular del progreso proviene del Cristianismo o de algún sustituto religioso que reemplaza al Cristianismo”, “el supremo objetivo de progresar es la libertad individual en el mundo” y “el poder para lograr salvación en la tierra” (6). Es una debatible propuesta mundana, atribuida sobre todo a factores cristianos y sustitutos. El crecer y progresar es complejo. ¿Qué significan tanto el progreso como el desarrollo? )7). Cómo nos afecta la denominada ´revolución digital´ y los múltiples instrumentos y programas con Inteligencia Artificial (8). Ellas ¿en qué medida favorecen ladignidad y eficiencia ciudadana? Ellas ¿también engañan, destruyen, dañan la intimidad y los tejidos socio-culturales? ¿Qué es necesario? ¿Qué es superfluo y desechable? El acontecer local/mundial ¿es discernido? ¿Re-imaginamos el porvenir? A quienes confiamos en Dios, ¿qué trancendencia social y material estamos asumiendo?
Suplico a quienes me han estado leyendo y escuchando, que no sean pasivos receptores. Confronten mis reflexiones con habilidad crítica, criterios evangélicos, y con sensibilidad intercultural y sico-social. Ello abunda en cada pueblo, y ello escasea en élites unilaterales. La disyuntiva o bien conservar la fe, o bien caer en supersticiones y mitos, es una mirada equivocada. La experiencia muy común es percibir la fe (con sus espacios y tiempos) y también compartir saludables creencias. Fe, mediaciones, pautas éticas, creencias, búsquedas de sentido, oraciones, celebraciones, devociones; cada una de ellas puede ser parte y forman parte del con-vivir alentado por el misterio de Jesucristo. Nos acompaña y está presente con carismas proféticos y sanadores. Ellas además sostienen y hacen comprensible trayectorias y tradiciones diversas en la humanidad.
Los comportamientos de ayer y de la actualidad no están flotando como nubes en el aire, ni son simples fantasias emocionales. Es un acontecer terrenal, celestial, trascendente. Nos envuelve, conmociona y fascina el progreso, un desarrollo sustentable y responsable, en el mundo de hoy del mañana.
La humanidad no está estancada. Ella trabaja y descansa, disfruta y cada día recorre senderos pequeños y amigables. Encaramos las problemáticas mayores, que suelen ser controversiales y que requieren discernimientos. Por eso el andar es cauteloso, comunitario, sapiencial.
Estamos compartiendo conversaciones teologales y fiestas simbólicas. Oramos a fin de que cada actividad humana sea iluminada por el buen-con-vivir, por el compasivo Espíritu de Jesucristo, por el silencio ante el Misterio, por responsabilidades comunes en el presente y porvenir histórico. ¡Ojalá así sea!.
[Tomado de la introducción]
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