[Por: Alberto Embry]
La irrupción de la inteligencia artificial no constituye únicamente una innovación tecnológica aplicada a la educación superior, sino un acontecimiento cultural de alcance civilizacional que obliga a repensar la misión histórica de la universidad, la relación entre profesor y estudiante, la estructura misma de la investigación académica, el lugar de las bibliotecas, la legitimidad de las autoridades intelectuales y el acceso global al conocimiento. Este artículo sostiene que la Cultura de la Inteligencia Artificial inaugura una transformación antropológica, epistemológica y ética capaz de desplazar a la universidad desde un modelo tradicional centrado en la administración, acumulación y transmisión del saber hacia una misión orientada a la expansión colaborativa global del pensamiento humano, la justicia cognitiva global y la construcción responsable de una inteligencia colectiva planetaria. Desde una perspectiva filosófica, teológica y educativa, el texto propone que la universidad contemporánea se encuentra ante un discernimiento histórico: resistir defensivamente la nueva cultura cognitiva emergente o convertirse en laboratorio crítico de una nueva etapa del pensamiento humano. Esta transformación no debe ser leída como sustitución tecnocrática del ser humano, o de los procesos cognitivos, sino como oportunidad históricamente ética para ampliar las capacidades de comprensión, creatividad, investigación, cooperación y discernimiento, siempre bajo criterios de dignidad humana, bien común, apertura del conocimiento, responsabilidad social y protección frente a los riesgos de dependencia cognitiva, concentración corporativa, vigilancia, desigualdad epistémica y colonialismo algorítmico.
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