27 de Mayo de 2026
[Por: Francisco Javier Burgos]
“La MAGNÍFICA HUMANIDAD que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos.”
Magnifica Humanitas no. 1
La Carta Encíclica Magnifica Humanitas, recientemente publicada por el Papa León XIV con motivo del 135° aniversario de la Rerum novarum, representa uno de los textos magisteriales más ambiciosos del siglo XXI. Su objeto central nos invita a reflexionar y discernir sobre el impacto de la inteligencia artificial (IA) sobre la dignidad humana, la justicia social y el bien común, enmarcando dicha reflexión dentro de la tradición de la Doctrina Social de la Iglesia. Aquí quiero examinar brevemente tres ejes que me parecen muy relevantes: la opción por los pobres, el análisis estructural del poder y la función profética de la Iglesia.
La opción por los pobres y el clamor de los descartados
Desde una mirada cercana a los evangelios, la verdad teológica ocurre desde el reverso de la historia, desde el lugar de los pobres, de las víctimas, de los excluidos. Esto es algo muy conocido en la tradición teológica latinoamericana. Así recordamos que tanto Gustavo Gutiérrez como el mismo papa León XIV en la exhortación Dilexi te nos hablan de que la "opción preferencial por los pobres" no es una preferencia sentimental, sino una exigencia estructural del Evangelio, ya que Dios toma partido por quienes la historia ha dejado al margen.
En esta primera encíclica, Magnifica Humanitas, así como en el primer año de su magisterio, el papa León XIV nos da unas pautas muy concretas y nos muestra un compromiso con la opción por los pobres, con la promoción del bien común y con la necesaria y urgente tarea de custodiar la dignidad humana como responsabilidad compartida.
En Magnifica Humanitas, el Papa nos alerta repetidamente contra el riesgo de que la IA se convierta en un instrumento de "descarte", ya que existe el peligro de que algoritmos de toma de decisiones excluyan a personas de créditos, empleos o servicios sociales sin que nadie asuma responsabilidad moral alguna por dicha exclusión. La encíclica afirma que cuando el poder tecnológico permite que "el descarte de los débiles queda revestido de una neutralidad y una objetividad ante las cuales es imposible protestar" (no. 103), la injusticia se realiza de manera silenciosa. Esta es una denuncia del "pecado estructural" que produce exclusión de manera sistemática e impersonal.
Asimismo, es significativa la referencia a las "piedras desechadas". El Papa León XIV invoca la imagen evangélica para señalar que los pobres, los enfermos, los migrantes y los pequeños son llamados a convertirse en "piedras angulares" de la nueva construcción social. La encíclica apunta en una dirección que resalta la centralidad de los pobres y el tratamiento que la sociedad muestra a ellos en relación con el desarrollo y uso tecnológico. Así el Papa denuncia un "paradigma tecnocrático" globalizado con todo su poderío y su carácter inhumano, bélico y dominante y que se limita a valorar a las personas en función de su rendimiento productivo (no. 43, 92-96, 112 y 185). Esta crítica recuerda la advertencia de Pablo VI, citada en el texto, de que se puede "tener más" sin "ser más.”
El análisis estructural del poder
La Magnifica Humanitas da un paso significativo en esta dirección cuando señala que el poder tecnológico se concentra en "grandes actores económicos y tecnológicos" (no. 95) de carácter privado y transnacional, con recursos superiores a los de muchos gobiernos. El texto habla explícitamente de "nuevos monopolios de la IA", de "asimetría epistémica, económica y política" (no.109), y de la necesidad de que los datos sean tratados como "bienes comunes", siguiendo una lógica del compartir. Estas categorías rozan el lenguaje de la economía política crítica y constituyen una novedad notable dentro del Magisterio.
La encíclica critica al "paradigma tecnocrático" y a la concentración del poder digital, aunque no cuestiona explícitamente el modelo económico capitalista como tal ni las relaciones coloniales que condicionan quién programa los modelos de IA y quién es "sólo objeto de esa programación". La geopolítica del poder tecnológico permanece en el horizonte implícito del texto, el cuál apuesta al cuidado de la verdad, al discernimiento y a la protección de las personas trabajadoras y los más vulnerables.
Asimismo, la encíclica propone como instrumentos de cambio la regulación jurídica, la gobernanza multilateral, la educación digital y la responsabilidad compartida. Estas son propuestas legítimas, aunque habrá que dilucidar el alcance magisterial y pastoral de dichas propuestas. Es importante notar que la apelación a la subsidiariedad y al multilateralismo que en ella apare, puede resultar insuficiente sin una crítica de las asimetrías en las instituciones internacionales. Hay mucho camino por recorrer para encarnar la visión humana y profética promovida por el Papa de aquí a que me atreva a resaltar los rasgos proféticos del documento.
Horizonte profético de la Iglesia
Uno de los aportes más originales de la Magnifica Humanitas es su uso de dos imágenes bíblicas como categorías hermenéuticas: la Torre de Babel —símbolo del poder que se absolutiza, de la uniformidad que aplana la diversidad y del proyecto humano sin referencia a Dios— y la reconstrucción de Jerusalén bajo Nehemías, símbolo de la corresponsabilidad comunitaria, de la escucha y del trabajo compartido orientado hacia Dios. Esta dialéctica bíblica nos anima a partir de la "situación" histórica concreta resaltada en el texto (la pobreza estructural, la exclusión digital, la crisis ecológica…) para regresar a la Palabra de Dios como fuente de discernimiento y esperanza, y a la realidad humana en toda su capacidad relacional, creativa y promotora del bien común.
La encíclica de León XIV invita a "no temer ensuciarse las manos" (no.16), a no ser espectadores pasivos ante el acelerado desarrollo tecnológico. El llamado a "desarmar la IA" (no. 110), sustrayéndola a la lógica de la competencia armamentística económica y cognitiva, romper la equivalencia entre poder el tecnológico y el derecho a gobernar, representa un gesto profético sin precedentes y de notable alcance. El verbo "desarmar", aquí usado y aplicado no solo a las armas físicas sino también al poder digital, constituye una ruptura con la narrativa tecnocrática dominante y une en un mismo campo semántico la paz, la justicia y la gobernanza tecnológica.
La Magnifica Humanitas nombra los peligros y riesgos de los monopolios digitales e invita a tratar los datos como bienes comunes, a la vez que denuncia el descarte humano y social que puede generar ciertos algoritmos sin consideración moral y al llamar a "desarmar" la IA como paso necesario para la paz. Esta es una invitación abierta a la denuncia y al anuncio: a la denuncia de los ídolos del mercado digital, y al anuncio de una tecnología al servicio de la vida plena para todos.
En fin, Magnifica Humanitas nos anima a promover el sueño bíblico donde la técnica, como todo talento entregado a la humanidad, sea capaz de florecer en favor de la vida plena y digna de todos y todas, especialmente de los más pequeños. Aquí, la imagen final del Magníficat es elocuente, pues, el canto de María anuncia que Dios derriba a los poderosos de sus tronos y eleva a los humildes, llena de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos. En el siglo de la inteligencia artificial, este canto sigue siendo el criterio más radical de discernimiento y praxis teológica desde el cual hacer posible el reinado de Dios.
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