10 de Mayo de 2026
[Por: Óscar Elizalde Prada | El Tiempo]
A un año de la elección de Robert Francis Prevost como sucesor del apóstol Pedro —el Papa número 267 en la historia de la Iglesia católica— se va consolidando su perfil de pontífice en el sentido más literal de este antiguo título (pontifex), como “constructor de puentes”: los del diálogo para alcanzar la paz, los que promueven la unidad, y los que alientan a la práctica de la caridad cristiana.
No es casual que al cumplirse el primer aniversario de su elección, cuando asumió el nombre de León XIV —aquel 8 de mayo de 2025—, haya realizado una breve visita pastoral a Pompeya y a Nápoles, para encontrarse en el “Templo de la Caridad” con un grupo de personas en situación de desamparo que son atendidas en los centros caritativos del Santuario de Pompeya, “un lugar donde la fe y la caridad se sostienen mutuamente”, y una forma de recordar al mundo que “la fe sin obras está muerta”. Allí, en las periferias del sur de Italia —y no en el centro, en Roma—, ha celebrado la Eucaristía en el día de la Virgen del Rosario de Pompeya, a la que se encomendó el día de su elección.
El amor y el cuidado de la Iglesia hacia los pobres también ha sido el tema de su primera exhortación apostólica, Dilexi te, que publicó el 4 de octubre de 2025, coincidiendo con el día en que la Iglesia celebra la memoria de Francisco de Asís, el santo que inspiró el pontificado de su antecesor.
El manuscrito que dio origen al documento venía siendo preparado por Francisco durante los últimos meses de su vida. “Habiendo recibido como herencia este proyecto, me alegra hacerlo mío —añadiendo algunas reflexiones— y proponerlo al comienzo de mi pontificado, compartiendo el deseo de mi amado predecesor de que todos los cristianos puedan percibir la fuerte conexión que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres”, comentó León, asegurando, de paso, que mantendría la línea de la opción por los pobres y de una Iglesia misionera que sale a su encuentro, toda vez que “la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpelaconstantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia”.
Continuidad y nuevas respuestas
“A diferencia de lo que ocurre cuando se da un cambio de gobierno en el mundo secular, la continuidad es constitutiva en la Iglesia, está dada por la misma institución eclesial”, explica a EL TIEMPO Emilce Cuda, quien fuera una de las mujeres más cercana a Francisco al interior de la curia romana, y luego hiciera parte del equipo cercano de Prevost cuando fue nombrado Prefecto del Dicasterio para los Obispos y Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, en la que Cuda funge como secretaria desde 2022.
Sin embargo, la teóloga argentina argumenta que “la continuidad algo recupera y algo supera del magisterio pontifico anterior, no a modo de diferencias magisteriales sino como respuesta a los nuevos escenarios culturales. Por eso, León XIV continúa el programa de Francisco expresado en Evangelii gaudium, pero las respuestas que está dando son otras, porque la realidad va cambiando”.
Asumir la realidad en toda su complejidad y priorizar la escucha franca a sus más cercanos colaboradores, lo mismo que a los cristianos de a pie, para “discernir la voluntad de Dios” —una actitud de búsqueda espiritual arraigada en la tradición cristiana—, ha definido su modo de liderazgo pastoral, primero en la Orden de San Agustín —sobre todo en sus dos períodos como Prior General, entre 2001 y 2013— y luego como obispo de Chiclayo, en Perú, a partir de 2015, hasta que Francisco lo llamó a prestar sus servicios en Roma, en 2023, como Prefecto de uno de los organismos clave para el gobierno de la Iglesia, creándolo cardenal ese mismo año.
Para quienes convivieron con él durante sus años de misionero en el norte del Perú, “el liderazgo de León XIV es una extensión natural y coherente del ‘padre Roberto’”, como comenta César Piscoya, consultado por EL TIEMPO, al detallar que “en Chulucanas y Trujillo su liderazgo se definía por un humanismo sin discriminación, tratando a todos como iguales en una sociedad marcada por el racismo y el clasismo”.
“Esta proximidad y sencillez, que lo llevaba a caminar en sandalias o a ensuciarse las botas en las inundaciones del Niño Costero en Chiclayo para llevar ayuda, sigue siendo el núcleo de su ser como pastor con ‘olor a oveja’”. Parafraseando a san Agustín, el propio Prevost proclamó desde la logia central de la Basílica de San Pedro, el día de su elección: “con ustedes soy cristiano y para ustedes, obispo”.
Piscoya, quien ahora hace parte del equipo coordinador de uno de los Centro Pastorales del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), con sede en Bogotá, sostiene que “el lema del papa, «In Illo uno, unum» (en aquel que es uno, seamos uno), que ya guiaba su labor como obispo, refleja su misión permanente de construir puentes y buscar la unidad en contextos de profunda división eclesial”.
Ahora, como obispo de Roma y líder global, León XIV ha comprendido que esa misión permea la esfera pública, ante el imperativo de alcanzar la paz “en esta hora dramática de la historia” de escaladas bélicas sin precedentes.
Un líder que clama por la paz
“¡La paz esté con todos ustedes!”, fue, de hecho, el primer saludo del pontífice estadounidense —con nacionalidad peruana— ante las multitudes urbi et orbi tras su elección. Es el mismo saludo con el que Jesús Resucitado solía presentarse a sus discípulos y discípulas. Desde entonces, el clamor “por una paz desarmante y desarmada” ha estado presente en casi todos sus mensajes, discursos, homilías y oraciones, particularmente durante la reflexión que precede a la oración del Ángelus cada domingo y en sus catequesis de los miércoles, pero también en sus declaraciones a los periodistas durante los viajes apostólicos y a la salida de Villa Barberini, en Castel Gandolfo, la tradicional residencia de verano de los Papas ubicada a 42 kilómetros del Vaticano, que León ha vuelto a frecuentar —especialmente los martes—, a diferencia de Francisco, quien en sus 12 años de pontificado solo lo hizo en tres oportunidades.
“La Iglesia debe ser clara al rechazar lo que mortifica la vida, la guerra y la violencia”, ha dicho en su última catequesis, el pasado 6 de mayo. “Nunca más la guerra”, ha repetido una y otra vez, como lo hiciera Pablo VI en su primera visita a las Naciones Unidas en 1965. “¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra!”, condenó desde la Basílica de San Pedro, durante la inédita Vigilia de Oración por la paz que presidió el pasado 11 de abril. En esa oportunidad también recordó las palabras de Juan XXIII: “nada se pierde con la paz; todo puede perderse con la guerra”.
Además, su cruzada por la paz lo ha llevado a levantar la voz para denunciar que “los gobernantes de las naciones tienen responsabilidades ineludibles. A ellos les gritamos: ¡deténganse! ¡Es tiempo de paz! ¡Siéntense en mesas de diálogo y de mediación!, no en mesas donde se planea el rearme y se deliberan acciones de muerte”.
Cuando iniciaron los ataques de Estados Unidos contra Irán tampoco dudó en convocar a sus compatriotas “a buscar cómo comunicarse con los congresistas, con las autoridades, para decir que no queremos guerra, ¡queremos paz!”. Luego, ante las críticas mordaces de Donald Trump, justo cuando iniciaba su viaje apostólico a cuatro países africanos, expresó con vehemencia que su papel y misión era el de ser “pastor”, no el de un “político”. Por tanto, ni las amenazas ni las tentativas de infundir “miedo” menguarían su ímpetu de llevar el “mensaje del Evangelio”. Más aún, en una de sus últimas declaraciones ha sido enfático al sentenciar que “la Iglesia anuncia el Evangelio, predica la paz”, con lo cual, “si alguien quiere criticarme, que lo haga con la verdad”.
“Está claro que la paz no es sinónimo de ausencia de conflictos, simplemente. La paz es mucho más que eso. Y el papa León nos lo recuerda con insistencia y lo hace con su ejemplo”, asegura a EL TIEMPO el cardenal brasileño Jaime Spengler, presidente del Celam.
Al abrir las puertas del Vaticano como posible sede de las negociaciones entre Rusia y Ucrania, al recibir al presidente ucraniano Volodímir Zelenski en tres oportunidades, y al Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, en la víspera de su primer aniversario, para cultivar las relaciones bilaterales y abordar “la necesidad de trabajar incansablemente por la paz”, León XIV ha dado señales explícitas de apelar a las vías del diálogo para silenciar las armas y alcanzar la paz, una delicada labor de diplomacia que la Santa Sede sabe hacer muy bien “tras bambalinas”.
En el tema de la paz, como en el de la unidad —a la que dedicó su primer viaje apostólico a Turquía y Líbano, con motivo del 1.700.º aniversario del primer Concilio de Nicea, a finales del año pasado—, pero también en muchos otros asuntos que atañen a la gobernanza de la Iglesia y de la propia cura romana, está claro que, progresivamente, el Papa León ha ido definiendo sus propios ritmos y acentos, con un estilo propio y nuevo, que Piscoya define como “discreto pero de una ‘fuerza tranquila’, que contrasta con las posturas más disruptivas de su predecesor y se observa, incluso, un retorno a ciertos gestos y símbolos tradicionales, como el uso de la mozetta —aquella prenda corta roja, que llega hasta los codos, abotonada al frente, que ha utilizado en varias oportunidades desde el día de su elección— y la cruz de oro, que parecen buscar un equilibrio simbólico entre la renovación y la continuidad histórica de la institución”.
Un papa en tiempos de inteligencia artificial
Amén de las formas, lo cierto es que el fondo de su mensaje está anclado a la enseñanza social que la Iglesia ha defendido con mayor ahínco desde los tiempo de León XIII, a finales del siglo XIX, cuando puso el dedo en la llaga “sobre la situación de los obreros”, enseñanza que ha sido enriquecida por los pontífices de turno —una decena— a lo largo de las últimas décadas. “Precisamente, al sentirme llamado a proseguir este camino, pensé tomar el nombre de León XIV —confesó Prevost ante el Colegio Cardenalicio, dos días despues de su elección—. Hay varias razones, pero la principal es porque el papa León XIII, con la histórica Encíclica Rerum novarum, afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial y hoy la Iglesia ofrece a todos, su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo”.
En efecto, no hace mucho ha trascendido que León XIV firmará su segunda encíclica el próximo 15 de mayo —cuando se cumplen 135 años de la publicación de Rerum novarum—, bajo el título de Magnifica humanitas, en la que se espera que aborde, de modo particular, las grandes cuestiones éticas, sociales y antropológicas que devienen del desarrollo de la inteligencia artificial.
No es extraño, entonces, que el pontífice estadounidense haya dado una particular atención a este asunto a lo largo de sus primeros 365 días en la Cátedra de Pedro. Desde el punto de vista educativo ha convocado a “diseñar nuevos mapas de esperanza” que integren la vida espiritual, lo digital educativo y los lenguajes no violentos para extender puentes, en lugar de los muros.
También León sabe que son necesarios los puentes entre norte-sur, como quedó claro en sus mensajes y discursos durante su viaje apostólico de 11 días en África, el pasado mes de abril, cuando visitó Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial, exhortando a la fraternidad entre los pueblos, a la distribución equitativa de los recursos, al desarrollo integral, a la superación de la pobreza, a la defensa de los derechos humanos y al cuidado de la ‘casa común’, para lo cual busca empoderar a las nuevas generaciones, entre quienes ya goza de una significativa acogida, como se apreció en los multitudinarios encuentros con los jóvenes africanos, lo mismo que en la explanada de Tor Vergata, a las afueras de Roma, durante el Jubileo de los Jóvenes.
Con toda seguridad, el talante misionero de León XIV seguirá delineando los trazos de un nuevo humanismo pacificado y solidario con los mas vulnerables, y de un modo muy especial con la población en situación de migración, con la que se siente especialmente cercano: “mi propia historia es la de un ciudadano, descendiente de inmigrantes, que a su vez ha emigrado”, declaró a los embajadores ante la Santa Sede. Es, a su vez, la historia de un pontificado que apenas comienza.
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