[Por: Carina Fulotti]
El evangelio de este domingo forma parte de los llamados discursos de despedida, que el evangelista ubica luego del lavatorio de los pies, en la última cena. El texto es precioso, y cada frase podría ser una invitación a detenernos.
- “No se inquieten; crean en Dios y crean también en mí” (v. 1). Podemos dejar que esta exhortación dialogue con nuestras ansiedades cotidianas, tantas veces exacerbadas por la inmediatez del celular y el atropello de noticias; o se transforme en provocación para aliviar, con nuestra presencia amable, con un silencio escuchador, o con una palabra de aliento, las inquietudes de quienes luchan y sufren.
- “En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones” (v.2). Nuestro Padre Madre Dios es casa, hogar, con lugar para todas y todos. Podemos escuchar en esta descripción de Dios del cual somos imagen, la llamada a hacer también de nuestras comunidades y espacios, lugares seguros, cuidados, donde cada persona pueda ser ella misma, donde podamos crecer, confiar, perdonarnos, soñar alternativas de más vida…
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