19 de Abril de 2026
[Por: Francisco Aquino Júnior | Portal das CEBs]
Si la Cuaresma está marcada por el llamado a la conversión, la Pascua está marcada por la experiencia de la vida nueva en el Crucificado-Resucitado. La resurrección no ocurre solamente después de la muerte biológica, sino que comienza ya en el tiempo presente: muriendo al pecado y renaciendo a una vida nueva. Es un don del Señor resucitado para ser vivido aquí y ahora. Y es un don que solo se acoge en la entrega de sí, como el grano de trigo que, al morir, produce mucho fruto (Jn 12,24). Es participación en el misterio amoroso de Dios que nos hace vivir en el amor fraterno con todas las personas (¡incluso con los enemigos!) y con toda la creación, y nos compromete en la construcción de una sociedad más justa y fraterna. Más que una doctrina a ser confesada y un rito a ser realizado, la resurrección es algo que debe ser vivido y practicado: la vida en el Resucitado; la vida eterna que es la vida en Dios.
No por casualidad, los relatos de encuentro con el Resucitado están siempre asociados a la misión de vivir y propagar el Evangelio por todo el mundo: “Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda criatura” (Mc 16,15); “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Enseñadles a observar todo lo que os he mandado” (Mt 28,19-20); “Vosotros sois testigos de estas cosas” (Lc 24,48); “Como el Padre me envió, así también yo os envío” (Jn 20,21).
Y tampoco por casualidad, las catequesis bautismales, tan importantes en el tiempo pascual, enfatizan la participación en la muerte y resurrección del Señor: “Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, también nosotros caminemos en una vida nueva” (Rm 6,4); “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios” (Col 3,1); “Nos resucitó con él y con él nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús […] creados en Cristo Jesús para las buenas obras que Dios preparó de antemano, para que caminemos en ellas” (Ef 2,6.10). La vida cristiana implica y significa morir con Cristo al pecado y renacer con Él a una vida nueva.
No se puede separar el anuncio de la vivencia del querigma: vida, muerte y resurrección del Señor. Quien cree en Cristo permanece en Él. Y quien permanece en Él guarda su palabra, vive como Él vivió: “Quien dice que permanece en Jesucristo debe también caminar como Él caminó” (1 Jn 2,6). Nunca está de más insistir en que la resurrección no es solo una doctrina que se confiesa, sino una vida que se vive. Es una verdad que debe ser comprobada y verificada en nuestra vida. Debemos testimoniar con la propia vida la resurrección del Señor: ¡su victoria sobre el pecado y la muerte!
Esto se va realizando y manifestando en la vida cotidiana: en la vivencia del amor fraterno —incluso con los enemigos—; en el perdón y la reconciliación; en la compasión y la misericordia con la humanidad sufriente; en el servicio a los necesitados; en la defensa de los derechos humanos y en las luchas por la justicia; en el cuidado de la casa común; en la denuncia de las injusticias y de los imperios; en el enfrentamiento de toda forma de prejuicio y discriminación; en la construcción de una paz desarmada y desarmante, etc. De este modo, vamos venciendo el poder del pecado que oprime y mata (morir al pecado) y experimentando la vida nueva que Dios nos ofrece en Cristo Jesús (renacer a una vida nueva).
La fe en la resurrección que profesamos debemos vivirla en lo cotidiano de nuestra vida. No basta decir que el Señor resucitó y que la muerte ha sido vencida. Es necesario participar de esa victoria sobre la muerte, destruyendo el poder del mal en nuestra vida y en nuestro mundo, viviendo en el amor de Dios, construyendo una sociedad más justa y fraterna, cuidando la casa común… ¡Seamos, pues, testigos de la resurrección del Señor! ¡Comprobemos y probemos su poder y su victoria sobre el mal en nuestra vida y en nuestro mundo!
¡Feliz Pascua!
Publicado en: https://portaldascebs.org.br/viver-como-ressuscitados/
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