[Por: Joaquim Armindo]
El pueblo Mura es uno de los grupos indígenas originarios de la región amazónica, con fuerte presencia en el estado de Amazonas, Brasil. Tradicionalmente, los Mura viven de actividades como la pesca, la agricultura de subsistencia y la recolección de frutos del bosque, preservando prácticas culturales ancestrales y una profunda relación espiritual con su territorio.
En los últimos años, enfrentan amenazas constantes a su modo de vida debido al avance de proyectos de minería, deforestación y presión política para la explotación de sus tierras, lo que pone en riesgo la preservación de su cultura y del ambiente natural donde viven.
Hablan portugués y viven entre los ríos Madeira, Amazonas y Purus, en tierras indígenas, pero también en centros urbanos como Manaos, Autazes y Borba. Pueblo navegante, destacan por su amplio conocimiento de los caminos entre igarapés, canales, islas y lagos. Desde el siglo XVII —momento en que fueron conocidos— han sufrido estigmatización, masacres y pérdidas demográficas, lingüísticas y culturales.
Cuando se les pregunta sobre su lugar de nacimiento o sobre su identidad indígena, los Mura suelen responder: “soy caboclo legítimo del río Madeira”. Con la expresión “caboclo legítimo” buscan explicar la condición particular del grupo étnico: afirman la determinación política de ser Mura a pesar de los cambios históricos. Ser mura hoy: indígena mestizo, cuya genealogía es el resultado de la incorporación de nordestinos, maranhenses, peruanos y no indígenas en general, que pasaron a formar parte del grupo étnico a través de matrimonios, la mayoría de las veces con mujeres mura.
Por “caboclo”, el Mura alude al componente biológico, a la sangre indígena, aunque mezclada; por “legítimo”, señala la pertenencia a un área geográfica determinada, como un río, un igapó o un lago, por ejemplo.
Ya no es un “indígena puro” porque ha atravesado el proceso civilizatorio con todos sus complejos y dolorosos matices desde el período colonial hasta el presente.
Al asumirse como “caboclos legítimos”, los Mura reafirman la conciencia del complejo proceso histórico vivido por el grupo para mantenerse como tal.
Sin embargo, la sociedad regional con frecuencia cuestiona si los Mura serían “indígenas de verdad”.
“La empresa minera canadiense Potássio do Brasil ha llevado a cabo, en los últimos meses, la deforestación de áreas ubicadas dentro de la Tierra Indígena (TI) Lago do Soares, reivindicada por el pueblo Mura. Situado en el municipio amazónico de Autazes, el territorio se encuentra en fase de estudios de identificación y delimitación por parte de la Fundación Nacional de los Pueblos Indígenas (Funai)”, señala en un comunicado el Cimi (Consejo Indigenista Misionero – Conferencia Episcopal de los Obispos de Brasil).
Se trata de un nuevo ataque que el pueblo Mura está sufriendo sobre sus tierras, con el fin de que la empresa minera canadiense someta el territorio a “la realización de un conjunto de obras y la instalación de una mina subterránea para la extracción de silvinita, roca a partir de la cual se producen sales de potasio, insumo ampliamente utilizado por el agronegocio”.
Las obras de la empresa avanzan en medio de denuncias de coacción, amenazas, fraudes y ausencia de consulta a los indígenas, reportadas por el pueblo Mura, así como de una fuerte presión política para autorizar la minería en tierras indígenas, teniendo a Potássio do Brasil como uno de sus principales actores.
El comunicado continúa señalando que, mientras la demarcación reclamada desde hace más de dos décadas no se concreta, la multinacional inicia un emprendimiento de gran impacto en un territorio clave para el debate sobre minería en tierras indígenas en Brasil.
Imágenes del satélite Sentinel-2 del programa europeo Copernicus muestran alteraciones en un área de aproximadamente 61 hectáreas que, según los líderes Mura, se superpone totalmente con el territorio indígena reivindicado. Estas áreas incluyen la futura planta industrial concedida por Ipaam; (Institito de Protección Ambiental del Amazonas), órgano estadual responsable por la fiscalización y monitoreo de actividades que pudean impactar en el medio ambiente en el estado de amazonas, Brasil. Entre sus atribuciones se encuentra la concesión de licencias ambientales para emprendimientos y la promoción de acciones para la preservación de los recursos naturales y el desarrollo sostenible de la región.] albergarán la planta industrial para el procesamiento del mineral, la mina de explotación subterránea, áreas de obra y depósitos de residuos y de suelo orgánico.
Las alteraciones fueron identificadas al comparar imágenes obtenidas por satélite el 16 de abril de 2025 y el 2 de marzo de 2026, y parte de ellas también se superpone con las áreas en las que la empresa obtuvo del Ipaam autorización para la supresión de vegetación nativa.
En diciembre de 2025, líderes del pueblo Mura acudieron al lugar donde se instalará la planta industrial y comprobaron la devastación del sitio.
Se trata de áreas de bosque primario y también de algunas zonas de bosque secundario, ya que fueron utilizadas para la cría de ganado. “Al mirar el mapa desde arriba, no parece que sea mucho. Pero cuando estamos allí, logramos ver la magnitud de todo y darnos cuenta de que caben dos de nuestras comunidades dentro de esa área… pretendemos, de manera colectiva, reforestar ese lugar, tanto con árboles frutales como con árboles maderables, porque vivimos allí y construimos casas de madera, embarcaciones de madera que nos sirven para desplazarnos por el territorio. También queremos cuidarlo porque, cuando logramos reforestar, los animales vuelven a aparecer”.
El pueblo Mura pretende, colectivamente, reforestar el lugar, tanto con árboles frutales como maderables, ya que dependen de ellos para construir viviendas y embarcaciones, fundamentales para su movilidad. Además, destacan que la reforestación permite el retorno de los animales.
“La degradación de la calidad del agua puede representar un riesgo para la supervivencia de los Mura en la región.
En el Amazonas llueve mucho. Ahora imaginen toda esa lluvia cayendo sobre pilas de sal a cielo abierto en una zona de inundación, en plena selva amazónica”, advierte el tuxaua Filipe Gabriel. “Pedimos que el Estado brasileño respete a los pueblos indígenas, porque esto no es solo con nosotros. Si se permite, afectará a otros pueblos también. Pedimos a toda la sociedad que preste más atención, especialmente en el Amazonas. Cuando el agua se salinice, afectará a todos”.
Joaquim Armindo – Doctor en Ecología y Salud Ambiental; Diácono de la Diócesis de Oporto (Portugal)…
Decargue el artículo.
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