03 de Abril de 2026
[Por: Francisco José Bosch]
La puerta de la ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el campesino se inclina para atisbar el interior. El guardián lo ve, se ríe y le dice: - Si tantas ganas tienes - intenta entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón hay otros tantos guardianes, cada uno más poderoso que el anterior. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo soportar su vista.
(Ante la ley, F. Kafka)
Desde dentro del sepulcro, el resucitado ve la puerta de la Ley, desde dentro. Hace el camino inverso que ha hecho como campesino. El sepulcro, la piedra movida, el encuentro con sus mujeres, el camino junto a sus amigos obreros y pescadores, la mesa compartida que lo espera en Emaus. Desde dentro de la muerte, desde la oscuridad del Sheol, Dios ha ordenado el Tiempo, La Ley, ha recompuesto la vida desde los que morían junto a la puerta, sin poder entrar, sin probar ni las migas de las fiestas.
Antes del Sepulcro, las mesas compartidas que le valieron los brazos en cruz. El cuerpo tensionado desde los brazos, con le gravedad deshilachando sus manos, son posteriores a la fiesta de los cuerpos comiendo, bebiendo, recostado junto a sus amigos, junto a sus compañeras, en la fiesta invencible de los sobrevivientes. Mujeres que levantaban la mirada del pescado, de la mesa, del vaso, y tenían lugar, mirada y voz en esa mesa. Pescadores duros y endurecidos, que podían ser amigos, llorar, temer y confiar, animarse a vivir de otra manera. La alegría de saborear el fruto de su trabajo, la ofrenda de sus vecinos, el regalo de sus lagos.
Después de las mesas compartidas, el martirio. La soledad. La tiniebla que cubrió a las tres de tarde todo el orbe. El tiempo detenido en ese viernes santo, que de maldito se extiende por los siglos, persiguiendo a las pobres gentes que le rezan al resucitado y encarnan al crucificado. Antes y después, la fe que sostiene la esperanza, la fe que cuida el amor posible de los heridos que todavía hacen fiesta, ronda, comparten la mesa. Como aquel carpintero, maestro de la mezcla, artista del abrazo, artesano de un mudo nuevo.
Desde afuera del establo, el olor a bosta. Ese olor que habita los hogares mientras secan sus paredes. A fin de cuentas, el olor del nido. Desde afuera, el establo es el mejor hogar, un refugio para un mundo de refugiados, un bunker para la llegada del Rey de los refugiados. Desde cerca, bien cerca, el padre, la madre, la partera del pueblo, un niño que nace. La siempre mejor de las Buenas Nuevas, el llanto del recién nacido, la primera cicatriz de su ombligo, el abrazo ansiado de la vida que vence al tiempo. La piel y su pelusa, la humedad y el llanto. La Buena Noticia, oculta y desnuda, para el mundo entero, para su tierra y en su lengua.
Desde la intemperie del pesebre hasta el temporal del Gólgota, la Palabra hecha historia. Desde la permanente mejor Buena Noticia hasta el siempre[1] signo de los tiempos del pueblo crucificado Tiempo después bien lo supo decir la comunidad de Juan:
En el principio existía la Palabra
la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
Ella estaba en el principio junto a Dios.
Todo se hizo por ella,
y sin ella nada se hizo.
Lo que se hizo en ella era la vida
y la vida era la luz de los hombres;
y la luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la vencieron.
[Hubo un hombre, enviado por Dios:
se llamaba Juan.
Este vino para un testimonio,
para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por él.
No era él la luz,
sino quien debía dar testimonio de la luz.]
La Palabra era la luz verdadera
que ilumina a todo hombre
que viene a este mundo.
En el mundo estaba,
y el mundo fue hecho por ella,
pero el mundo no la conoció.
Vino a su casa,
y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron
les dio poder de hacerse hijos de Dios,
a los que creen en su nombre;
la cual no nació de sangre,
ni de deseo de hombre,
sino que nació de Dios.
Y la Palabra se hizo carne,
y puso su Choza[2] entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria,
gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.
Después, y solo después, de la crucifixión, del escarnio público, la resurrección. La victoria, la revancha, el abrazo del que vuelve, la fiesta incorruptible de los sucios, la alegre carcajada de las sin dientes, la mano tendida de los enamorados que caminando juntos son ‘mucho mas que dos’. La Gloria de vivir-sobre tanta muerte.
Y ahora, desde nuestros pesebres te esperamos, en las cruces te lloramos y en los caminos te luchamos. Desde dentro de la historia, de la muerte, de las rondas, de las mesas. Desde cerca, porque así lo quisiste: desde el fondo del cosmos, desde las entrañas del tiempo, ‘quisiste andar con nosotros’, como intuyó aquel rioplatense, amante del Logos (J.L. Borges, Juan 1,14):
Refieren las historias orientales
la de aquel rey del tiempo, que sujeto
a tedio y esplendor, sale en secreto
y solo, a recorrer los arrabales.
Y a perderse en la turba de las gentes
de rudas manos y de oscuros nombres;
hoy, como aquel Emir de los Creyentes,
Harún, Dios quiere andar entre los hombres
y nace de una madre, como nacen
los linajes que en polvo se deshacen,
y le será entregado el orbe entero,
aire, agua, pan, mañanas, piedra y lirio,
pero después la sangre del martirio,
el escarnio, los clavos y el madero[3].
La historia del Rey del tiempo, mendigo entre los hombres, Jesús el de Nazaret, asesinado por el poder, resucitado por Dios para la vida de todxs. Como decían mis vecinos de Las Palmas: ‘mi amigo Jesús’, la resurrección es un vinculo que vence la muerte, una amistad que dura para siempre.
Cuenta cuentos que se hizo historia. Eso, también, es la Pascua.
Francisco Bosch
Aprendiente de teología narrativa
Pd. Se viene una revistita, un canal para comunicar algo de lo que aprendemos en las rondas comunitarias, en la escucha de Las Pascuas que nos hacen hermanxs.
Pd2. Contar historias con raíz, en tiempos de Inteligencia artificial y modelos de lenguaje. En eso estamos, por eso la imagen que acompaña este post es una creación de la IA usando de base el poema de Borges.
[1] El ‘siempre’ de Ellacuría, que tanto nos explicaba Jon Sobrino en sus clases. Cfr. https://blog.cristianismeijusticia.net/2011/11/10/carta-de-jon-sobrino-a-ignacio-ellacuria
[2] Perdón a la comunidad de Juan por esta traducción libre desde NuestrAmérica. Es Tienda en el bello original.
[3] Las negritas son mías. Este es el primer poema de Borges con este título. En 1969 escribirá otro con el mismo titulo: “Yo que soy el Es, el Fue y el Será, vuelvo a condescender al lenguaje, que es tiempo sucesivo y emblema. Quien juega con un niño juega con algo cercano y misterioso; yo quise jugar con Mis hijos. Estuve entre ellos con asombro y ternura.”
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