Convivir con la fragilidad

01 de Marzo de 2026

[Por: Rosa Ramos]




“Lloras tú y lloro yo, y el cielo también, y el cielo también.

Lloras tú y lloro yo, qué fragilidad, qué fragilidad”

Sting

 

Lo queramos o no, la encarnación implica fragilidad. Y cada tiempo supone diferentes modos, en el nuestro somos testigos de la fragilidad del planeta, de las democracias, de los migrantes, de muchos colectivos postergados, de tantos pueblos y personas consideradas “insignificantes” o “nadies”. Por eso recordé y traje aquí esa canción de Sting que habla de un llanto y una fragilidad compartidas, hasta por “el cielo”, que también llora.

 

Más allá de la finitud y precariedad naturales de la creación y de todas las creaturas, asistimos a muchas provocadas por la ambición y el egoísmo, vale decir por nosotros mismos.

 

¿Cómo convivir, entonces, con la fragilidad y a la vez combatir las causas evitables? ¿Cómo asumir la finitud propia de la realidad, siguiendo el planteo de Andrés Torres Queiruga, la fragilidad natural de la encarnación, sin resignarnos a tanta fragilización, a tanto dolor provocado?

 

Por otra parte, nuestra cultura no ayuda a asumir la fragilidad natural, al contrario, conspira, en tanto nos propone ser fuertes, casi invencibles; nos promete larga vida, salud y eterna juventud; contra las leyes de la naturaleza, claro. Una cultura hedonista que engaña con una ilusoria felicidad continua, que pesa sobre tantos como una obligación, de modo tal que hace sentir fracasados, culpables y perdedores a quienes no la viven, o no se jactan de vivirla.

 

Hemos pasado en movimiento pendular de aquella concepción de la aventura humana que decía, cargada de negatividad: “estamos aquí gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”, (o en lenguaje gauchesco: “pa´ sufrir, Fierro, han nacido los varones”), a esta igualmente engañosa idea del exceso de positividad que denuncia el filósofo Byng-Chul Han: “todo es posible y depende de ti”.

 

La cifra siempre creciente de suicidios, sobre todo entre los jóvenes, deja ver esta imposición social de felicidad y “éxitos”. Esa dolorosa realidad de tantas personas que se quitan la vida cada año, no es ajena a la dificultad de nuestra cultura occidental para aceptar la fragilidad, ya sea en forma de fracaso, de desamor, de enfermedad, de vejez, de soledad, etc.

 

La realidad es que todos somos frágiles, la vida y la salud en el más amplio sentido de nuestros seres queridos penden de un delicado hilo; también las propias.  Y, sin embargo, no es fácil vivir la consigna de convivir con la fragilidad, aunque estemos teóricamente de acuerdo con ella.

 

Es necesario un trabajo espiritual de aceptación, de humildad, asimismo de confianza última en ese Misterio de fidelidad y presencia que los cristianos llamamos Dios.

 

¿No es acaso este tiempo de Cuaresma un tiempo propicio para este trabajo, que requiere discernimiento entre las fragilidades naturales y las provocadas, a fin de no caer en la resignación, que no es lo mismo que la aceptación de los límites creaturales?

 

Se trata de un trabajo espiritual que implica crecer en conciencia, en atención, a nosotros mismos y a la realidad. Esa atención nos ayudará a deponer la autosuficiencia y la soberbia de creernos todopoderosos, de rechazar los límites, permitiéndonos entonces crecer en humildad-humanidad.

 

La Cuaresma además es un buen tiempo para revisitar la Palabra de Dios, para meditarla personalmente y compartirla en comunidad. Allí encontraremos, ya en el Antiguo Testamento, y mucho más en el Nuevo, la fuente de la confianza última, esa tan necesaria para asumir la fragilidad con grandeza de alma y plena confianza.

 

La Palabra de Dios ha sido atesorada, interpretada y releída en contextos diversos a lo largo del tiempo, según las situaciones que atravesaba el pueblo de Dios. También necesitamos hacerlo hoy.

 

La Palabra sigue siendo hoy en la oscuridad, luz para nuestros pasos (salmo 119), si hacemos una hermenéutica adecuada, desde la revelación de Jesús y el conocimiento presente. Por ejemplo, y como punto de partida, reconociendo que todos los pueblos y culturas son de Dios, que todas las personas somos sus hijos e hijas muy amados.  Releer los salmos desde esta perspectiva será de gran ayuda para atravesar oscuras cañadas sin temor, pues tenemos un Pastor bueno (salmo 23). Sabiendo que nos conoce a todos y cada uno en nuestras fragilidades y angustias, que no podemos ocultarlas a sus ojos de padre amoroso (salmo 139).

 

“No temas” es un llamado que recorre toda la Biblia. Claro que no nos exime de la fragilidad, de la enfermedad, del fracaso, ni de la muerte. Sí nos asegura una y otra vez que en la debilidad y en la tribulación no estamos solos. Tampoco en nuestros esfuerzos por cargar y hacernos cargo de la fragilidad de los hermanos, ¿acaso esta certeza no es la de los profetas de todos los tiempos?

 

Sin duda, en tanto que cristianos, para el trabajo espiritual de crecer en confianza, es fundamental revisitar los pasajes de los Evangelios, no dejar de asombrarnos y maravillarnos ante la compasión de Jesús, su cuidado y ternura ante toda fragilidad humana.

 

Las miradas de Jesús a la muchedumbre y a las personas concretas… el tocar con sus manos a los enfermos… el “volverse”, el “inclinarse” … el llamar para que se acerquen los afligidos -aún contra las indicaciones prudentes de sus amigos-… las “curaciones” a pedido de parte o a iniciativa propia… el compartir el pan … ¿Cómo no nos moverán a conversión, a rendición incluso, aunque el término no esté de moda, y confianza plena? He aquí nuestro trabajo espiritual en esta Cuaresma.

 

Tantos gestos y signos de infinita atención y misericordia ante el sufrimiento humano, nos aseguran que nuestra fragilidad no le es indiferente a Jesús y a su Abba: “el cielo también llora”.

 

En esta confianza podemos asumir y convivir con la fragilidad de creaturas finitas, a la vez que encontrar la luz y la valentía profética para cambiar lo que es necesario y posible cambiar en un mundo que vulnera y fragiliza a tantos pueblos y personas.

 

Imagen: https://letraurbana.com/articulos/the-captivating-fugacity-of-regardt-van-der-meulens-artwork/

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