[Por: Pedro Pierre]
Mi amigo de toda una vida se fue sin ruido hace un año, el 13 de febrero. Doce meses después siento todavía el dolor de su ausencia y la huella de su testimonio luminoso me sigue acompañando.
Su radicalismo molestaba a mucha gente: a los que se sentían cómodos en sus pequeños mundos egoístas, a los indiferentes a los problemas ajenos, a los agresivos con los millones de migrantes que nuestros países industrializados producen, a los interesados en acumular posesiones a cualquier precio e incluso a costa de sus vidas, a los cristianos preocupados por rezar a Dios en un cielo inexistente, a los sin-perspectivas que se llenan de insignificancias que los destruyen a ellos mismos y a los demás…
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