[Por: IBC / CEP]
Vivimos tiempos políticos muy confusos e inseguros, donde todo aquello que considerábamos una certeza ha empezado a moverse, cambiar, desmoronarse… no solamente en el Perú, sino en todo el sistema mundial. Hay hechos que nos hablan de grandes amenazas, como una
nueva guerra mundial, el fuerte debilitamiento de sistemas internacionales como Naciones Unidas, la elección de caudillos nacionalistas-autoritarios como Trump en otros países poderosos y que los estados nacionales concentren tanto poder, que ignoren a sus ciudadanos y no oigan sus demandas. A estas alturas, los signos a favor y en contra de la democracia están activos, tensando fuerzas.
A lo largo de siglos el sistema mundial ha construido su base institucional alimentado por los valores de la democracia. Así, pese a todas sus limitaciones y debilidades, el sistema democrático ganó poder y se volvió un referente que, al poner en el centro de las constituciones al ser humano con sus capacidades, libertades y apuestas, representó
un gran avance. Pero, a la par que se construía el sistema democrático, emergieron las amenazas contra él, acumulándose y multiplicándose en este siglo. Las amenazas se encarnan bajo distintos nombres y formas
de operar: sea el poder económico, la criminalidad organizada, los dictadores, etc…
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