[Por: José Manuel Vidal | Religión Digital]
La escena parece una litografía del Antiguo Régimen más que una foto del siglo XXI: Donald Trump sentado, dueño del espacio, del tiempo y del encuadre, mientras Paul S. Coakley, presidente del episcopado estadounidense, de pie, sonríe a su lado como figurante de lujo.
No hay diálogo, no hay mutua escucha visible: hay un trono improvisado y un invitado reducido a escenografía. Y eso, cuando quien está de pie representa a la Iglesia católica, no es solo una anécdota de protocolo; es un mensaje político y eclesial de enorme calado. ¡Una vergüenza!, que diría el Papa Francisco...
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