[Por: Julio Pernús]
Hace unos días se hizo noticia que el gobierno cubano decidió no renovar la residencia del sacerdote mexicano José (Pepe) Ramírez, miembro de la Congregación de la Misión, como castigo por tocar las campanas del templo de La Milagrosa durante protestas por apagones en La Habana. Para la Iglesia católica y su clero estar junto al pueblo es una vocación. Cuba es un territorio de frontera. Para los que no son del mundo religioso, esto quiere decir que los misioneros extranjeros en la Isla vienen por voluntad propia. Saben de antemano los desafíos que conlleva desarrollar su labor pastoral. Aun así, cientos de mujeres y hombres han decidido “gastar” su vida en el país y se ofrecen con ánimo esperanzador para acompañar a la gente. La intención de este texto es mostrar lo cerca que viven los misioneros extranjeros y consagrados cubanos la realidad del pueblo...
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