[Por: Luis Van de Velde]
Los cristianos de tradición, pertenecientes a alguna denominación eclesial, estamos acostumbrados a cumplir ciertos ritos, orar con ciertos libros, participar en actividades religiosas y cantar alabanzas. La mayoría no hacemos daño conscientemente a los demás. Somos como dice la canción de los dioses de bolsillo: «Yo no robo, yo no mato, yo a nadie le hago mal, tengo la conciencia limpia y respeto a mi mamá». Y de esas personas, quizás muy religiosas, monseñor dice que «vamos a llevarnos sorpresas cuando veamos que lo que yo creía que era necesario, Cristo ni le hará caso». A lo largo de la historia, las iglesias hemos realizado guerras de religión con millones de muertos, hemos predicado acusaciones a «los otros», los hemos excluido, mientras dejábamos de hacer lo que «yo no creía necesario». Y eso es precisamente lo que Cristo examinará, como nos dice monseñor retomando el evangelio. La pregunta decisiva sobre nuestra vida no es si hemos estado en la verdadera religión o en la (según nosotros) única Iglesia de Cristo, sino: ¿cómo trataste al hambriento, al sediento, a quien Me representaba?, ¿cómo trataste a tus vecinos en el pasaje y en la colonia?, ¿cómo trataste a sus compañeros y compañeras de trabajo? ¿Cómo trataste a tus empleados? ¿Cómo compartiste «tu pan» con quienes se habían quedado sin nada? ¿Cómo trataste a las personas mayores y a los niños de tu casa y la vecindad?…
Descargue el artículo.
©2017 Amerindia - Todos los derechos reservados.