[Por: Luis Van de Velde]
Hace unos años, un expresidente de la Asamblea Legislativa salvadoreña daba gracias a Dios porque sus compinches habían votado no desaforarlo a pesar de las pruebas que había presentado la Fiscalía sobre la entrega de dinero y promesas electorales a las maras. Es un ejemplo de cómo un político vive confiando en su «dios de bolsillo», «un dios que apruebe mis atropellos», un dios que justifica lo que llama «su inocencia» (mientras nadie lo había acusado, solo había suficientes indicios que merecen ser investigados y juzgados por los tribunales)…
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