[Por: Eduardo de La Serna]
Hace muchos años, cuando el país explotó por los aires como consecuencia del neoliberalismo, los obispos argentinos convocaron a una “mesa del diálogo”. Todos estuvieron invitados a ella. ¡Bien! Victimarios y víctimas, para ser precisos. ¡Bien! Pero los curas opp manifestamos nuestro desacuerdo con ello. No por el diálogo, por cierto, sino porque entendíamos que entre opresores y oprimidos, víctimas y victimarios, la Iglesia no podía aparecer como una instancia aséptica, impoluta, sino como “voz de los sin voz”, como se decía… Si no hablaba, creíamos, desde el lugar del pobre, no prestaba un servicio sino a la complicidad. Decíamos que “quedar bien con Dios y con el diablo” es imposible, porque Dios no está allí…
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