18 de Mayo de 2025
[Por: Rafael Luciani | Religión Digital]
Francisco asumió el Vaticano II como un Concilio de reforma. El 9 de noviembre de 2013, en Santa Marta, habló de una Ecclesia semper reformanda, en continuidad con Juan XXIII (aggiornamento) y Pablo VI (renovatio Ecclesiae). Pocos días después, expresó esta forma de leer el Concilio en la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium (n. 26), su texto programático.
Hoy, el Sínodo sobre la sinodalidad representa la expresión más genuina y actual de esta hoja de ruta a seguir. El Documento Preparatorio del Sínodo de la sinodalidad la articula y sostiene que "para caminar juntos es necesario que nosdejemos educar por el Espíritu en una mentalidad verdaderamente sinodal, entrando con audacia y libertad de corazón en un proceso de conversión sin el cual no será posible la «perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuanto institución humana y terrena, tiene siempre necesidad» (UR 6; EG 26)". Luego de un proceso de escucha y discernimiento de todos los fieles del Pueblo de Dios, el Documento para la Etapa Continental recoge con claridad esto al afirmar que “caminar juntos como Pueblo de Dios requiere que reconozcamos la necesidad de una conversión continua, individual y comunitaria. En el plano institucional y pastoral, esta conversión se traduce en una reforma igualmente permanente de la Iglesia, de sus estructuras y de su estilo, siguiendo las huellas del impulso al aggiornamento continuo, legado precioso que nos ha dejado el Concilio Vaticano II” (DEC 101)…
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