[Por: Luis Van de Velde]
Desde hace más de 3000 años, el pueblo de la Biblia recuerda constantemente que «el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí y he visto la opresión a la que los egipcios los someten» (Ex 3, 9). La sangre derramada de «Abel», asesinado por su hermano «Caín», es un relato que resume la triste condición humana a lo largo de toda la historia. Y, como creyentes, tanto el pueblo hebreo como nosotros, los cristianos, recordamos siempre: «La voz de la sangre de tu hermano grita desde la tierra hasta mí» (Gn 4, 10). Uno de los mandamientos y fundamentos del pueblo hebreo en formación ha sido su discernimiento de la Ley de Dios: «No matarás» (Ex 20, 13). Sin embargo, siguieron matando, también a sus propios profetas. Y aún hoy, con su Tora como «constitución», el Estado de Israel (armado por los gobiernos occidentales y con bombas atómicas bajo sus brazos) sigue asesinando a miles y miles de hermanos palestinos. ¿Acaso la sangre derramada ya no clama a Dios y los que matan ya no son homicidas?…
Descargue el artículo.
©2017 Amerindia - Todos los derechos reservados.