Voces proféticas cristianas se enfrentan a Donald Trump

20 de Abril de 2025

[Por: Juan José Tamayo]




Durante los tres meses de su segunda presidencia de los Estados Unidos Donald Trump está poniendo en práctica las políticas que anunció durante la campaña electoral. Entre ellas destacan cinco por su falta de humanidad. La primera son las expulsiones masivas de inmigrantes en sus diferentes modalidades: deportaciones a sus países de origen con los inmigrantes esposados como si fueran delincuentes, suspensión del derecho de asilo y autorización a los agentes de inmigración a hacer redadas en escuelas, iglesias y hospitales. Otra se refiere al reconocimiento de la existencia de dos sexos: el masculino y el femenino, con el borrado de las personas LGTBIQ+ y, en consecuencia, la eliminación de la protección a la discriminación de dichas personas, y la oposición a los tratamientos de cambio de sexo a las menores de 19 años. La tercera consiste en la retirada de miles de millones de dólares en ayuda a la solidaridad a los países empobrecidos. La cuarta es el anuncio de la expulsión de dos millones trescientas mil personas gazatíes y la creación de la Riviera del Próximo Oriente en Gaza, lo que implica la limpieza étnica de los palestinos, el respaldo incondicional a Netanyahu y a los partidos políticos judíos partidarios del Gran Israel y el reconocimiento de Israel como el guardián de la región. La quinta es la guerra comercial de los aranceles contra las normas consensuadas por los organismos internacionales. Tal modo de proceder constituye un atentado contra el derecho internacional.

 

La reacción de los gobiernos europeos a las políticas insolidarias, xenófobas y colonialistas de Trump y a su desprecio a la Unión Europea, no se ha caracterizado precisamente por la oposición y la resistencia, salvo en contadas excepciones. Lo que ha predominado ha sido la tibieza, el miedo, la contención en la crítica, la falta de una respuesta unitaria, la ausencia de liderazgo y, en algunos casos, el acatamiento. La actitud europea ha sido la del avestruz, como ha afirmado María R. Sauquillo en una de sus excelentes crónicas de EL PAÍS, o la de una persona sonámbula, como ha reconocido el investigador de Harvard Alberto Alemanno.

 

Quienes sí han plantado cara a Trump y han reaccionado críticamente ejerciendo la denuncia profética contra tales políticas y la defensa de las personas y los colectivos más vulnerables han sido algunas de las autoridades religiosas cristianas, siguiendo las denuncias contra el poder de los profetas de Israel/Palestina y de Jesús de Nazaret. Voy a centrarme en tres líderes cristianos que han destacado por la crítica a las políticas de Trump y la propuesta de alternativas: Mariann Edgard Budde, obispa episcopal de Washington, el papa Francisco y el cardenal Robert McElroy, nuevo arzobispo de Washington.

 

La obispa Mariann Budde rompió con la tradición del sermón político legitimador del nuevo presidente en la toma de posesión del cargo y convirtió la celebración religiosa en un alegato contra las políticas de Trump y la propuesta del camino ético a seguir durante su mandato con un lenguaje moderado en las formas, es verdad, pero radical en su contenido. Mientras Trump se encontraba absorto en otros pensamientos, mirando al suelo y quizá ajeno a lo que se estaba celebrando, la obispa adoptó una actitud realmente profética.

 

Partiendo de la propia confesión de Trump de que había sido “la mano providencial de Dios amoroso” quien le había salvado del atentado que sufrió durante la campaña electoral, le pidió, “en nombre de Dios”, que ejerciera la compasión con las personas asustadas por sus políticas antiLGTBIQ+. Entre ellas citó a “gays, lesbianas y niños y niñas transgénero en familias de distinto signo político: demócratas, republicanas e independientes”, justamente aquellas que ahora están siendo discriminadas.

 

Pero no se quedó ahí. Ante las deportaciones masivas de personas inmigrantes que Trump había anunciado en la campaña electoral, le exigió compasión para con ellas ya que están contribuyendo al bienestar de la ciudadanía estadounidense. Le recordó que no puede considerar delincuentes, como acostumbra a hacer el presidente republicano, a los  inmigrantes sin la documentación en regla, ya que pagan sus impuestos, son buenos vecinos y miembros fieles de iglesias, sinagogas, mezquitas, gudwaras o templos.

 

El último argumento de la obispa Budde para reclamar a Trump compasión con las personas extranjeras fue: “todos fuimos extranjeros en nuestra propia tierra” y necesitamos hospitalidad. El sermón desafiante y deslegitimador indignó tanto a Trump que le exigió pedir perdón. La obispa se negó. No era la primera vez que se enfrentaba a él. Ya lo hizo cuando el presidente republicano posó, durante su primer mandato, con su hija Ivanka con la Biblia en alto delante de la puerta de la Iglesia de San Juan. Ante tamaño gesto de manipulación y profanación la obispa expresó públicamente su indignación y horror.

 

Tampoco ha sido complaciente con las políticas xenófobas y colonialistas de Trump el Papa Francisco en una carta dirigida al episcopado católico estadounidense. Con un lenguaje claramente político y una sólida fundamentación antropológica, teológica y bíblica califica las deportaciones masivas de inmigrantes de atentado contra la dignidad de muchos hombres y mujeres, a quienes Trump pone “en un estado de especial vulnerabilidad e indefensión”. Llama a la ciudadanía a expresar su desacuerdo con tales prácticas, a no ceder a las narrativas que discriminan y hacer sufrir a personas inmigrantes y refugiadas, a construir puentes y “evitar muros de ignominia”, como los que está construyendo el presidente estadounidense.

 

En la carta llega a cuestionar que Estados Unidos sea un Estado de derecho al negar un trato digno a las personas empobrecidas y marginadas, al construirse a base de la fuerza, y no a partir de la igual dignidad de todo ser humano. Asimismo, invita a los obispos a trabajar por la defensa de las personas consideradas menos valiosas y menos humanas.

 

El Vaticano reaccionó en seguida contra la limpieza étnica de los gazatíes que ha propuesto Trump con la colaboración de Netanyahu. Y lo hizo con dos afirmaciones contundentes: los habitantes de Gaza “deben permanecer en su tierra” y la limpieza étnica “no tiene sentido”.

 

El tercer dirigente cristiano que ha chocado con Trump ha sido el cardenal estadounidense McElroy. Con un lenguaje todavía más contundente y desafiante que el de la obispa episcopal y el del papa ha calificado las políticas de deportaciones masivas de Trump de “guerra de miedo y terror que no pueden tolerarse”. Ante la miseria, el miedo y el terror no es posible callar. El silencio es delito y, desde el punto de vista cristiano, pecado. Por eso ha llamado a levantar la voz contra la miseria y el sufrimiento que dichas políticas están desatando. A su juicio, el objetivo de las redadas indiscriminadas es generar miedo para que las personas no vayan a la escuela o a la iglesia.  

 

Mariann Budde, Francisco y Robert McElroy marcan el camino hacia un cristianismo profético de contenido político liberador frente al cristianismo de Trump al servicio del Imperio y del colonialismo.

 

Juan José Tamayo es teólogo y profesor emérito honorífico de la Universidad Carlos III de Madrid. Su último libro es Cristianismo radical (Trotta, Madrid, 2025, 2ª edición).

 

Diario EL PAÍS, 17 DE ABRIL DE 2025.

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