El cristinanismo, o es radical o no es cristianismo

20 de Marzo de 2025

[Por: Antonio J. Mialdea]




El famoso aforismo de Alfred Loisy, “Jesús predicó el Reino de Dios y vino la Iglesia”, es hoy de absoluta actualidad. Y por ello, la pertinencia y necesidad de un libro como el de Juanjo Tamayo es evidente. Cristianismo Radical (Madrid, Trotta, 2025) quiere ser una guía para comprender, de una vez por todas, qué es ser cristiano en un momento en que Evangelio y Religión, como recordaba nuestro querido y añorado Pepe Castillo, están más separados de lo que jamás habían estado. Fue precisamente Alejandro Sierra, ex-editor de Trotta, quien propuso al teólogo de Amusco (Palencia) la escritura de un libro sobre el cristianismo “liberado de las interpretaciones mitologicas y manipulaciones históricas posteriores y recuperando las dimensiones éticas del mismo más allá de las propias dimensiones religiosas”, y precisamente a él, como Maestro de Editores, le dedica Tamayo estas páginas.

 

En el prólogo, Leonardo Boff deja clara la voz autorizada de Juanjo Tamayo dentro del espectro de la cultura española como filósofo y teólogo, no sólo porque está libre de los controles doctrinales, sino porque siempre se muestra abierto al diálogo reflexivo y maduro con otros saberes y otras confesiones religiosas. Dice el teólogo brasileño que este autor “considera el acontecimiento cristiano no como una cisterna de aguas estancadas, sino como una fuente de aguas vivas de la que fluyen continuamente nuevas formas para afrontar los desafíos que se presentan actualmente en nuestro mundo extremadamente complejo. Tamayo comparece como el promotor más activo de la teología de la liberación en el marco de la situación europea”.

 

Afirma Tamayo, parafraseando a Karl Rahner, quien dijo que los cristianos del siglo XXI serán místicos o no serán criatianos, que el cristianismo, igualmente, o es radical o no será tal; pero con el término 'radical' no se refiere, en modo alguno, a fundamentalista, extremo o violento, sino que toma el término en su sentido originario: raíz. Por tanto, o esta tradición religiosa vuelve a su fuente originaria, que es la buena noticia de Jesús, o será una cosa bien distinta y, como deciamos antes, muy alejada de lo que hoy denominamos Iglesia Católica, que más bien se ha convertido, desde muchos sectores de la misma, en la aliada más fiel del poder político y económico, creando hasta una nueva forma de ser en la Iglesia, a la que Tamayo ha bautizado como Cristoneofascismo. Por eso, en este nuevo libro de este filósofo y teólogo, que hace ya el número noventa de su abundantísima bibliografía, nos propone un camino seguro para el retorno al evangelio teniendo siempre presentes las características particulares del espacio y el tiempo en que vivimos y que presentan, tanto en la actualidad como para el futuro, unos desafíos a los que tenemos que hacer frente sin dilación alguna.

 

Algunos de estos desafíos son lo siguientes: erradicar la pobreza estructural y la creciente desigualdad reinante en nuestro mundo, la defensa de una verdadera Democracia participativa en la sociedad y particularmente en el interior de la propia Iglesia, la necesidad de un cristianismo contrahegemónico que se aleje definitivamente de la globalización neoliberal,  la defensa de un cristianismo feminista que deje de ser un oxímoron para la Iglesia católica y que elimine, de una vez por todas, el heteropatriarcado eclesial y que sobre todo, deje de decir idioteces como que la mujer no ha recibido el don del sacerdocio. Dios no es varón. Insiste también en la propuesta de un  pensamiento ecológico que comprenda que la Salvación es Salvación de todo el Cosmos y que tiene que comenzar por respetar la dignidad y los derechos del planeta que habitamos, la construcción de un cristianismo que critique severamente el crecimiento armamentístico y que se comprometa con una Paz duradera y que jamás legitime sistema de dominación alguno, la defensa de un espacio de diálogo intercultural de liberación junto a la legitimidad de las identidades étnicas en absoluta igualdad, el alejamiento del consumismo mercantilista que nos tiene esclavizados y que nos impide la comunicación con la dimensión espiritual que pertenece a nuestro ser más íntimo, un cristianismo que implemente la hermenéutica interreligiosa de la Liberación.

 

Est tradición debe estar en la cabeza de la defensa de los Derechos Humanos y, por tanto, volver a ser un cristianismo evangélico y no dogmático y a la cabeza también del diálogo con la diferentes manifestaciones de increencia religiosa. Insiste también Tamayo en la necesidad de que sea hospitalario y samaritano, de la alteridad, que reconozca la pluralidad de los saberes y las diferentes formas de vivir. En definitiva, un cristianismo que proponga al ser humano de hoy la utopía firme de que otro mundo, mucho mejor que el que tenemos, es posible.

 

Tamayo afirma que tenemos que recuperar urgentemente los valores de Jesús el Galileo que son los que nos deben conducir a una plena humanidad en comunión con todo el cosmos. La radicalidad del Evangelio se encuentra en una buena noticia para los marginados y excluidos pero también en una mala noticia, como encontramos en el texto de Lucas, para aquellos que generan el sufrimiento, la injusticia y la insolidaridad. ¡Ay de vosotros...! dice Lucas, si ejercéis el poder para hacer crecer la desigualdad entre los seres humanos. Por cierto que la palabra 'poder', con la que una buena parte del pueblo de Dios identifica hoy a la Iglesia, sólo se pronuncia en los evangelios (y cito aquí a Jesús Peláez, ex-Catedrático de Filología Griega de la Unuversidad de Córdoba) cuando Jesús realiza alguna curación y para ello emplea los sentidos (mira, toca, escucha...). El poder, así, tiene que ser un poder salvífico y no un poder represivo como el que ejerce buena parte de la jerarquí católica actual.

 

Creo, como señalaba al principio, que se trata de un libro que llega en el momento oportuno y en una etapa de madurez de Juan José Tamayo. Jesús sólo nos llama, como escribió Bonhoeffer, a la Vida y no a poner los ojos en un nuevo sistema religioso dogmático y rígido que cierra toda posibilidad de pensamiento y que no tenga en cuenta el devenir de la historia. San Pablo ya afirmaba que convenía que hubiera disensiones para que el diálogo en busca de la Verdad no deje nunca de respetar el Misterio.

 

Estamos, sin duda, ante uno de los libros más originales y creativos del profesor Tamayo. Su lectura abre nuevos horizontes para el cristianismo del futuro.

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