Servir como práctica igualitaria (II): una perspectiva cristiana feminista

21 de Febrero de 2022

[Por: Silvia Martínez Cano | Cristianisme i Justicia]




¿Qué es el servicio entonces? Es un don dicen filósofos y teólogos, una gracia recibida sin merecerla que nos hace salir al encuentro del otro u otra por pura bondad, por pura gratuidad. Hoy hablamos frecuentemente de la espiritualidad como el ejercicio de esa “gracia del don”, es decir, la experiencia del darse en profundidad con todo nuestro ser, con todo lo que somos. Sin embargo, este ejercicio se vive en un contexto, un contexto social desigual donde el servicio se ha vivido de formas diferentes. Hombres y mujeres no entendemos este donarse de la misma manera. Mientras para algunos hombres este modelo de espiritualidad es algo totalmente novedoso, para muchas mujeres la experiencia del donarse no es más que la cotidianeidad en la lucha constante por los hijos, los familiares mayores y otras personas dependientes que están a su cargo. Muchos varones hablan del servicio y la gratuidad desde una posición de privilegio, es decir, desde el que es servido, y sienten la necesidad de convertir su corazón a la gratuidad, cambiar de posición, salir al camino del otro y donarse en profundidad. Y esto es bueno (tres veces bueno), quiere decir que estamos viviendo un bello momento donde el Evangelio esta transformando corazones. En realidad, es una conversión necesaria, deseada por un Evangelio que lleva muchos siglos recordándonos que la vida no es solo de uno o una misma, sino una realidad que no puede constituirse sin el otro u otra. El Evangelio también nos recuerda que solo en la alteridad es donde se encuentra el rostro del Dios que se da, que se despoja de todo y se muestra transparente, encarnado y corporizado. Vivir desde la gratuidad es fundamental para comprender la propuesta del Reino en el mundo de hoy

 

Descargue el artículo.

Procesar Pago
Compartir

debugger
0
0

CONTACTO

©2017 Amerindia - Todos los derechos reservados.