Iglesia Amazónica

27 de Setiembre de 2019

[Por: Víctor Codina, SJ]




Las dificultades, perplejidades, sospechas y críticas que ha suscitado el Sínodo de la Amazonía y su Instrumentum laboris en diversos sectores de la sociedad y de la Iglesia pueden tener diversas causas: intereses socioeconómicos y políticos de los que se sienten amenazados por el sínodo, pero también una deficiente visión teológica y pastoral acerca de la Iglesia.

Desde el 2º milenio, desde la reforma eclesial de Gregorio VII,  ha dominado en la Iglesia una eclesiología de la Iglesia universal, con predominio casi absoluto de las dimensiones jerárquicas, clericales, doctrinales, morales y legales frente al silencio y marginación de otras dimensiones como las locales y territoriales, laicales, carismáticas, dialogales etc.  El concilio Vaticano I simboliza  la cumbre de esta sensibilidad jerarcológica. El historiador de la Iglesia John W.O´Malley sj. habla de una papalización del catolicismo en el segundo milenio 

Esta eclesiología medieval del 2º milenio está en la raíz de muchos problemas eclesiales del pasado y del presente: rupturas eclesiales con la Iglesia del Oriente y con las de la Reforma, clericalismo y pasividad del laicado, evangelización colonial y patriarcal, abandono de la Iglesia de numerosos sectores tanto obreros como científicos e  intelectuales, alejamiento de la mujeres del seno de la Iglesia, críticas vaticanas a las teologías latinoamericanas y asiáticas, etc.

Esta eclesiología tradicional tiene el mérito de haber mantenido  a lo largo de siglos la fe en un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo y un solo Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo (Ef 4,6), pero ha caído a veces en lo que los cristianos orientales llaman “cristomonismo”, es decir, en  una acentuación cristológica unilateral que olvida frecuentemente la dimensión pneumatológica del Espíritu, con  lo cual Dios queda lejos, Cristo permanece en el pasado, la Iglesia se reduce a una simple institución, la misión es propaganda y la moral es una carga insoportable. En el Espíritu, Dios está presente, Cristo resucitado está aquí, la Iglesia significa la comunión trinitaria, la misión es Pentecostés y el obrar cristiano queda transfigurado y divinizado. 

 

El Espíritu hace posible que en Pentecostés los que habitaban en Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, romanos, judíos, cretenses y árabes oyesen proclamar en sus propias lenguas las maravillas  de Dios (Hch 2,5-12). Es Espíritu de pluralidad sin confusión, ni uniformidad.

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