04 de Mayo de 2017
[Por: Joaquín García Roca | Cristianisme i Justicia - Voces]
A los cuatro años de su elección como obispo de Roma y pontífice de la Iglesia católica, Francisco ha cosechado todas las máscaras imaginables y los ataques arbitrarios e irracionales de los conservadores; se desencadenaron abiertamente tras afirmar que él «nunca había sido conservador», atreverse a «descalificar al capitalismo como un sistema injusto» y desear «una Iglesia pobre para con los pobres». Rubén Amón, brillante e inteligente articulista de El País, en su sección de opiniones, ofrecía un artículo con el título «¿Y si Francisco fuera un impostor?» en el que muestra las resistencias y rechazos que le suscita Francisco. Le atribuye el oficio de «impostor», sustentado sobre el incumplimiento de su cargo; de «prestidigitador», en una sociedad crédula y sensiblera; «papulista» por ser la suya una revolución de las formas y apariencias; «cosmético» por no abordar las trasformaciones de fondo, y «telepredicador» a causa de su excesivo carisma en la comunicación. Nos preguntamos si estas expresiones poseen algún significado real y objetivo, o responden a una época que el autor llama de «percepciones y sensaciones» frente al tiempo de las verdades…
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[Por: Joaquín García Roca | Cristianisme i Justicia - Voces]
A los cuatro años de su elección como obispo de Roma y pontífice de la Iglesia católica, Francisco ha cosechado todas las máscaras imaginables y los ataques arbitrarios e irracionales de los conservadores; se desencadenaron abiertamente tras afirmar que él «nunca había sido conservador», atreverse a «descalificar al capitalismo como un sistema injusto» y desear «una Iglesia pobre para con los pobres». Rubén Amón, brillante e inteligente articulista de El País, en su sección de opiniones, ofrecía un artículo con el título «¿Y si Francisco fuera un impostor?» en el que muestra las resistencias y rechazos que le suscita Francisco. Le atribuye el oficio de «impostor», sustentado sobre el incumplimiento de su cargo; de «prestidigitador», en una sociedad crédula y sensiblera; «papulista» por ser la suya una revolución de las formas y apariencias; «cosmético» por no abordar las trasformaciones de fondo, y «telepredicador» a causa de su excesivo carisma en la comunicación. Nos preguntamos si estas expresiones poseen algún significado real y objetivo, o responden a una época que el autor llama de «percepciones y sensaciones» frente al tiempo de las verdades…
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