Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Espiritualidad y manejo del abuso de menores

13 de Abril de 2017

[Por: Hans Zollner, SJ | Razón y Fe]
 
Cuando una persona padece abusos sexuales por parte de su propio padre puede acudir a Dios en busca de consuelo, pero cuando el abusador es un sacerdote, para las víctimas se daña la imagen de Dios y el daño es aún mayor. La Iglesia, como madre amorosa, debe escuchar a las víctimas, y quienes ejercen la autoridad tienen la responsabilidad de descubrir estos delitos e impedir que ocurran. Ante el fenómeno global del abuso a menores y el mal que se causa a las víctimas y a toda la Iglesia, es preciso prestar atención particular a la formación de los sacerdotes en el manejo de la propia sexualidad y en el concepto de su vida como vocación y servicio. Son necesarios además adecuados sistemas de supervisión y control de la propia autoridad. Solo mirando juntos a la realidad y reconociendo el mal en medio de nosotros, se puede intentar derrotarlo.…
 
 
Descargue el artículo.




[Por: Hans Zollner, SJ | Razón y Fe]

 

Cuando una persona padece abusos sexuales por parte de su propio padre puede acudir a Dios en busca de consuelo, pero cuando el abusador es un sacerdote, para las víctimas se daña la imagen de Dios y el daño es aún mayor. La Iglesia, como madre amorosa, debe escuchar a las víctimas, y quienes ejercen la autoridad tienen la responsabilidad de descubrir estos delitos e impedir que ocurran. Ante el fenómeno global del abuso a menores y el mal que se causa a las víctimas y a toda la Iglesia, es preciso prestar atención particular a la formación de los sacerdotes en el manejo de la propia sexualidad y en el concepto de su vida como vocación y servicio. Son necesarios además adecuados sistemas de supervisión y control de la propia autoridad. Solo mirando juntos a la realidad y reconociendo el mal en medio de nosotros, se puede intentar derrotarlo.…

 

 

Descargue el artículo.

Procesar Pago
Compartir

debugger
0
0

CONTACTO

©2017 Amerindia - Todos los derechos reservados.