17 de Noviembre de 2016
“(…) Frente a una sociedad que discrimina, y compite ferozmente en pos del éxito y la productividad expulsando de si a los improductivos, y a los que no encajan en el sistema, necesitamos comunidades abiertas a todos, en donde nadie se sienta menos, ni rechazado ni juzgado. La misericordia no es fruto exclusivo de nuestra buena voluntad, sino un don de Dios, que prometió quitarnos el corazón de piedra que tenemos y darnos un corazón de carne sensible a su Espíritu de amor y perdón. (Cfr. Ezq. 11,19-20)” (Tomado del editorial).
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“(…) Frente a una sociedad que discrimina, y compite ferozmente en pos del éxito y la productividad expulsando de si a los improductivos, y a los que no encajan en el sistema, necesitamos comunidades abiertas a todos, en donde nadie se sienta menos, ni rechazado ni juzgado.
La misericordia no es fruto exclusivo de nuestra buena voluntad, sino un don de Dios, que prometió quitarnos el corazón de piedra que tenemos y darnos un corazón de carne sensible a su Espíritu de amor y perdón. (Cfr. Ezq. 11,19-20)” (Tomado del editorial).
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