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Una victoria que costó y seguirá costando caro

Menos mal que Brasil salió ganando con la victoria de la democracia y el estado de derecho, frente a la barbarie y la estupidez. En cierto modo, fue una triple victoria. Antes de ganar en las urnas y en el recuento de votos válidos, Lula ganó al movilizar la juventud, que desde hacía tiempo no salía a las calles como lo hizo en esos días, entre la primera y la segunda vuelta. Esta victoria del presidente Lula no fue solo contra un candidato, en sí mismo, poco preparado e inapropiado, sino contra el poderío del dinero internacional, invertido aquí para comprar el Brasil. También venció a los señores de arriba, quienes utilizaron todo su poder para forzar el regreso a la cultura de la servidumbre que perpetúa la injusticia.

De hecho, fue una victoria histórica e inigualable, no solo del presidente Lula y su equipo, sino, en cierto modo, de la parte más sensata de la población brasileña, que no permitió que volviéramos a los tiempos de la Alemania de los años 1930, como deseaban los adversarios, para quienes, incluso el período de la dictadura militar brasileña, de 1964 a 1985, les parece moderado y tolerante. Esta victoria de Brasil significa mantener en alto la bandera, que no permitirá que toda América Latina sea dominada por la extrema derecha.

Al pensar en esta victoria política, me viene a la mente el comienzo de todas las aventuras de Astérix y Obélix, en las historietas que tanto amaba mi generación: «Estamos en el año 50 a. C. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea habitada por galeses indomables resiste, aún y siempre, al invasor».

 Hoy en día, esa aldea es mundial y la poción mágica se llama educación crítica y liberadora. Sin ella, los galos de hoy serán dominados por los imperios y sus soldados actuales. Qué bueno sería que toda esa militancia que garantizó la victoria de Lula asumiera la tarea de liderar una campaña de educación social y política por todo el país.

Brasil tiene una dimensión continental y cualquier iniciativa debe estar dentro de los límites constitucionales de la República, pero si no se garantiza, de manera concreta, la participación directa del pueblo organizado, esta victoria actual podría perderse pronto. En el discurso que pronunció al agradecer la victoria, el presidente Lula prometió que gobernará en diálogo permanente con el pueblo. Si esto se concreta, será un elemento fundamental de ese proceso educativo, que solo el diálogo puede brindar.

Hoy, celebremos la victoria. Mañana temprano, comencemos a sembrar las semillas para el futuro. No solo de cara a las próximas elecciones, sino para la formación ciudadana, que permitirá convertir la Fiesta de la Democracia, no solo en un evento que ocurre cada cuatro años, sino en un proceso en el que la Democracia popular y participativa pueda equilibrar los posibles desajustes de la Democracia representativa, la cual, en su configuración actual, de hecho, representa muy poco al Brasil real que conocemos.

Quien haya leído la novela “El viejo y el mar”, de Ernest Hemingway, recuerda que el viejo pescador les contaba sus hazañas a sus compañeros, pero nunca pudiera mostrarles el botín de una pesca excepcional. Una noche, en su pequeña embarcación, logró capturar un pez inmenso y lo llevó atado al barco para mostrarles el trofeo de su victoria a sus incrédulos compañeros. Sin embargo, entre alta mar y el puerto donde desembarcó, un cardumen de pececitos devoró toda la carne del pez. Al llegar al puerto, el anciano logró, por fin, demostrar que había hecho una gran pesca, pero del pez que había capturado solo quedaba la espina.

Para mí, que soy cristiano, esa espina del pez devorado por los pececitos me recuerda la cruz de Jesús, señal de resistencia y amor que va más allá del dolor y la muerte. Es claro que la lucha continúa. Los adversarios que perdieron esta batalla intentarán otras. Eso es parte del proceso. Ante quienes optan por el odio, la fuerza del amor siempre prevalecerá. Quienes se han dejado embrutecer por la propaganda del odio yacen sumidos en su inhumanidad.

En su primera declaración tras ser reelegido, el presidente Lula confirmó que Brasil es un Estado laico en el que todas las religiones gozan de total libertad y siempre serán tratadas con igualdad y respeto. Es necesario advertirles esto a los apóstoles de la vieja cultura de la cristiandad, como religión civil, ya sea católica romana, evangélica o pentecostal. Que el presidente Lula haya sido atacado y haya sufrido humillaciones por parte de la milicia del odio, ya era de esperarse. Lo más triste es ver a pastores cristianos y a grupos que usan el nombre de Jesús fingir que defienden la fe y propagar sus prejuicios para engañar a las personas más sencillas.

En 1943, en el campo de concentración nazi, el pastor Dietrich Bonhoeffer escribía: «La estupidez humana es más peligrosa que la maldad. Contra el mal siempre se puede protestar. El mal puede ser expuesto. Se puede revelar. (…) Con la estupidez, en cambio, es diferente. No hay forma de defenderse de la estupidez. Las protestas no sirven de nada. Ningún razonamiento logra convencer a una persona estúpida. Ella se aferra a sus propios prejuicios y, por más que se le muestren hechos, no la convencerán».

(Cf: . https://www.ihu.unisinos.br/categorias/592293-da-estupidez-dietrich-bonhoeffer-1943).

A quienes eligen la estupidez del prejuicio, en lugar de la confianza del amor, les recordamos las palabras de Jesús dirigidas a sus adversarios: «Muchas personas vendrán del Oriente y del Occidente y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino divino, mientras que los que se consideran hijos del reino se quedarán afuera» (Mt 8, 11-12).

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