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Tengo un problema con la Encarnación

[Por: Eduardo de la Serna]

Si empezamos a hablar de la “Trinidad”, los estructurados suelen no tener ningún problema con el Padre. Es la ley, la norma, el que manda (y patriarcalmente, obvio). El Hijo, en cambio, causa algunos problemas, especialmente cuando empezamos a profundizar en lo que se ha llamado el “Jesús histórico”, porque antes todo era más sencillo: Jesús había sido un buen tipo que “anduvo en la mar”, que contaba “cuentitos” y que hacía milagros para “probar la divinidad”; pero un día – y sin ninguna relación con lo que decía y hacía – los “pérfidos judíos” lo mataron. Así, en la cruz, Dios se vio satisfecho con la víctima y nos perdonó, se vio “reparado”. Como una especie de “final feliz” vino la resurrección, “y comieron perdices”. Pero cuando se empezó a mostrar que entre la vida y el asesinato de Jesús había una relación de “causa y efecto”, que Dios no quería el asesinato de su “hijo amado” y esas “cosas”, todo se empezó a complicar…

 

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