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Las responsabilidades de la Iglesia en el proceso de memoria, verdad y justicia.

[Autor Prueba]

Las responsabilidades de la Iglesia en el proceso de memoria, verdad y justicia.
Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
Navidad 2014
Introducción
En estos tiempos de Navidad, celebramos al Dios con nosotros, a la Palabra hecha carne. El Dios encarnado nos invita a vivir nuestra fe en la historia, con los pies en el barro de la vida y el destino de nuestros pueblos que caminan en busca de dignidad, libertad y justicia. 
En 2016 no solo cerraremos los festejos del bicentenario de la independencia nacional sino también estaremos recordando 40 años del inicio de la dictadura genocidaque llenó de muerte y desolación al pueblo argentino.
Todavía hoy las heridas de ese periodo no están cerradas, a pesar de los enormes avances en materia de derechos humanos realizados desde 1983. Se han reconstruido muchas de las historias destrozadas por la violencia del terrorismo de estado, se han encontrado los restos de muchos desaparecidos; se han restituido a sus familias personas apropiadas de manera violenta e ilegal al nacer y separadas compulsivamente de sus padres; se derogaron las leyes de obediencia debida y punto final, y se anularon los indultos lo que permitió acelerar el curso de los juicios a los represores y responsables de crímenes de lesa humanidad; se identificaron gran número de centros clandestinos de detención y se resignificaron como espacios de memoria colectiva. Pero todavía hay muchas cuentas pendientes. 
La Iglesia no fue un actor más en este oscuro periodo de nuestra historia, sino ciertamente un protagonista central.Su participación fue compleja y la ubicación de sus miembros, diversa. El apoyo político de la mayoría del episcopado a la que deben sumarse nuncios y capellanes militares fue fundamental para la ejecución del plan represivo de la dictadura, que actuó en nombre de los valores del occidente cristiano. El episcopado como organismo corporativo callóaun cuando conocía en detalle tanto los métodos criminales y terroristas utilizados por la Junta Militar, como las consecuencias del desguace del modelode desarrollo industrial con progreso social y la implantación de una economía fundamentalista y liberal de mercado. 
También hubo una Iglesia víctima del terrorismo del estado que padeció torturas, asesinatos, desapariciones, exilio: laicos y laicas, religiosos y religiosas, curas y obisposademás de hermanas y hermanos de otras confesiones religiosas.Su compromiso con el evangelio de la vida, la opción por los pobres y el acompañamiento de las luchas populares los convirtió en enemigos de los defensores de la nación católicay de la divinización del mercado. La sangre del martirio de la Iglesia víctima fue negada por el episcopado cómplicelo cual constituye una paradoja anti-evangélica que queremos denunciar. Pasaron casi 40 años para que se hiciera justicia con el asesinato de Enrique Angelelli, y los obispos hasta el momento no emitieron palabra ni participaron en la misa de la vigilia, salvando un par de excepciones. Y hasta algunos todavía hoy siguen diciendo que Angelelli “murió”. Llama la atención que la Iglesia jerárquica no se haya sentido perseguida en la dictadura, habida cuenta de que muchos de sus miembros fueron torturados, asesinados o desaparecidos. Y es más llamativo todavía que la misma Iglesia sí afirme sentirse perseguida en períodos democráticos.
En estos últimos tiempos parecería haber una conciencia repentina del episcopado, manifestada por algunos de sus miembros, de la urgencia de prestar colaboración con el esclarecimiento de los crímenes de la dictadura y el paradero de los desaparecidos y niños apropiados, quizá motorizada por las inquietudes del Papa Francisco, que nos alegran. Pero creemos que el esclarecimiento de los crímenes del terrorismo de estado no se agota en el mero aporte de datos sino con la búsqueda comprometida de los derechos humanos y el acompañamiento de las víctimas y organismos militantes en la causa de la memoria, la verdad y la justicia.
Desde ya que nos parece sumamente importante estimular el aporte de todo tipo de datos que ayuden a esclarecer el paradero de los desaparecidos que no han sido hallados y de los nietos apropiados que no han sido restituidos. Pero suena muy contradictorio que los que llevan décadas ignorando a los organismos de derechos humanos y resistiéndose a reconocer una complicidad manifiesta con los crímenes de la dictadura, sean ahora los que pidan colaboración.Como hemos dicho de manera insistente en cartas anteriores, ¿no tendría que haber también un reconocimiento explícito de la no colaboración con el esclarecimiento de los crímenes de la dictadura hasta el pasado reciente? ¿No tendría que haber explicaciones acerca de por qué la Iglesia no ha participado nunca oficialmentede los actos conmemorativos del 24 de marzo?
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“Ser testigos de la Luz”

[Autor Prueba]

Tercer domingo de Adviento, Ciclo B 2014
Jn 1,6-8.19-28
Juan Pablo Espinosa Arce (Chileno)
Licenciado en Educación (Universidad Católica del Maule)
Profesor de Religión y Filosofía
Email: juanpablo.231190@gmail.com
Twitter: @juanpirancagua
Estamos ya en el tercer domingo de Adviento, sólo dos semanas nos separan de la Navidad. Este domingo es llamado “Letare”, que significa “alegría”, y el color morado es cambiado por el rosa, para significar que la Navidad está ya próxima. En este tercer domingo también cambiamos el evangelista que de Marcos pasa a Juan.
La palabra de este tercer fin de semana de Adviento es “testigo”, la cual es aplicada a Juan Bautista quien nuevamente domina el evangelio. El lugar que el Bautista asume y como veíamos el domingo pasado era el de mensajero y testigo. ¿De quién es testigo? El Evangelio de Juan es uno alto en imágenes simbólicas o conceptos diferentes a los sinópticos (Mt, Mc, Lc) y una de ellas es la “Luz”. Jesús es identificado con ella cuando se dice “Él (Juan Bautista) no era la luz, sino un testigo de la luz” (Jn 1,8). Pienso aquí en la Primera Lectura de la Nochebuena tomada de Isaías: “El pueblo que caminaba a oscuras vio una luz inmensa, los que habitaban un país de sombras se inundaron de luz” (Is 9,1). El que es identificado con la luz es el Mesías que permite que los que viven en las sombras de la desesperanza puedan caminar en una luz nueva e intensa. Es la gran luz que no conoce ocaso y de la cual los creyentes hemos de transformarnos en testigos
“Testigo” y “testimonio” son palabras que van indisolublemente unidas. En el Adviento la Iglesia ha de volver a comprender que su verdadero sentido se ubica justamente en la actividad de testimonio que da a un mundo que vive en sombras y que camina a oscuras. Si indagamos un poco más en la palabra griega para decir testigo nos daremos cuenta que ésta es “mártir”. Así, la espiritualidad del Adviento es una de carácter martirial. Como cristianos y cristianas debemos aprender a correr riesgos por el sólo hecho de vivir nuestra fe. Los riesgos vienen como parte integradora de nuestra común vocación bautismal que nos hace profetas, es decir, mensajeros que anuncian la Palabra de Dios y denuncian aquellas estructuras de pecado social y personal que denigran la dignidad de la persona, imagen y semejanza de Dios.
El testimonio en éste tercer domingo de Adviento debe ser también uno profundamente alegre. Aunque en este tiempo ya no cantemos el Gloria o las flores de nuestras Iglesias ya no estén presentes, la alegría debe ser una identidad que esté incoada en lo más profundo de nuestro ser cristianos, hermanos de Jesucristo. Quizás el mayor testimonio de que la Iglesia aún tiene una palabra que decir en este mundo es que vive su vocación con alegría, con esa sonrisa que nos ha recordado Francisco. ¡No nos dejemos robar la alegría! ¡No dejemos de testimoniar con palabras y obras aquél Reino que nos trajo la Luz que iluminó para siempre la noche del mundo! ¡No nos cansemos de ser testigos de la luz.
PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN
¿Cómo puedo ser testigo de la Luz?
Nuestra sociedad actual tiene como dios al dinero, ¿cómo puedo/podemos dar testimonios de la gratuidad del Dios del que fue testigo Juan Bautista?
“Esta es la patria del Adviento, de la Navidad, la que Cristo nos manda ofrecer por medio de su Iglesia, a los que tienen en sus manos las riendas, los destinos, los poderes: económicos, sociales, políticos, para que construyan junto con un pueblo tan de buena voluntad, donde si es cierto que hay terrorismo y hay maldades, no será la culpa el no haberlo comprendido bien. Hermanos, esta es la tarea de la Iglesia en la historia de cada país. Hacer de cada historia de cada país una historia de salvación”
Homilía de Mons. Óscar Arnulfo Romero Galdámez
Tercer Domingo de Adviento
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