- MISTERIO: ALGO QUE ESTA AHÍ, PERO NO LO ENTENDEMOS
Nuestra palabra ‘misterio’ proviene de la latina ‘mysterium’ (‘cosa secreta’) y esta a su vez del griego μυστήριον (‘secreto’), que tiene su origen en la raíz verbal μύω (‘cerrar’, ‘cerrar los ojos’, ‘estar cerrado’).
El término ‘misterio’ alude a una realidad, hecho o circunstancia clausurados y solamente cognoscibles por su depositario y por aquellas personas a quienes este haya querido transmitir el contenido del asunto reservado. El misterio tiene una estrecha relación con el conocimiento; solo es misterio para quienes lo ignoran y deja de serlo para aquellas personas que ya conocen lo que este encierra.
Desde las épocas más tempranas del pensamiento, nuestros antepasados vivieron probablemente sobrecogidos ante relámpagos, rayos, truenos y una diversidad de violentos fenómenos naturales. No es de extrañar que imaginaran a un ser misterioso y con muy malas pulgas que, ansioso por demostrar su existencia y superioridad, desplegaba imponentes prodigios de luz, fuego, tierra, agua y sonido que dejaban boquiabierto y metían el miedo en el cuerpo a todo bicho viviente. Aquella larga etapa para un ser humano encogido ante lo oculto a su entendimiento se extendió hasta convertirse en ancho umbral de lo que las religiones llamaron muchos siglos más tarde: el Misterio.
El Misterio cobró originariamente entidad desde el miedo y la ignorancia. Aunque el progreso del conocimiento le fue restando influencia, nunca ha logrado disiparlo por completo. Las religiones, a pesar del considerable avance de la ciencia, continúan atribuyendo al Misterio una última y oculta voluntad sobre los acontecimientos. Los sectores religiosos más anclados en la tradición manejan como argumentos irrebatibles la supuesta impenetrabilidad del Misterio y su propiedad en exclusiva de un velado futuro tras el final de la existencia. Estando a sus expensas, al Misterio se le carga con el muerto. Y ocurra lo que ocurra, cada vez queda el Misterio más encumbrado. El ser humano, en cambio, prosigue arrastrándose por las bajuras aplastado por las decisiones y leyes injustas de un orden global envuelto también en una gruesa capa de misterio.
- EL MISTERIO Y LAS RELIGIONES
A las religiones y las personas de alta religiosidad se les llena la boca hablando del Misterio. Acuden a él tras alcanzar el límite de sus explicaciones respecto a la realidad y el sentido de la vida. La creciente endeblez de sus argumentos se corresponde con una mayor fortaleza del Misterio. El Misterio se utiliza para depositar en él la solidez de una argumentación inconsistente. Ante tan insondable e indescifrable incógnita del Misterio solo cabe la creencia. La creencia cobra así tal brío que hay quienes llegan a pensar que creer en el Misterio concede el visado para atravesar con seguridad la última frontera. El culmen del conocimiento se pospone para entonces y la creencia queda anclada y encerrada en la ignorancia y el individualismo.
Resulta un contrasentido incomprensible que las religiones autodenominadas cristianas no se hayan soltado de esta fuerza gravitatoria del Misterio. Es más, ni siquiera se han conformado con orbitar en torno a él. Les ha parecido poco y han desglosado el Misterio en un cúmulo de supuestos y enigmáticos satélites: El Misterio de la Creación, el Misterio de la Encarnación, el Misterio de la Santísima Trinidad, el Misterio de la Salvación, el Misterio Pascual, el Misterio de la Muerte y Resurrección, el Misterio Eucarístico… Defienden incluso la existencia del Misterio de la Revelación, cuando habrían acertado con seguridad de haber hablado de la Revelación del Misterio.
Tal inflación de misterios parece demostrar que después de tantos siglos, aún no se han entendido las palabras con que la comunidad autora del cuarto evangelio concluyó el Prólogo de ese texto:
A LA DIVINIDAD NADIE LA HA VISTO NUNCA
un único dios engendrado,
el confidente del Padre,
ÉL HA SIDO LA EXPLICACIÓN” (v.18).
La experiencia de aquella comunidad de finales del siglo I no tiene discusión: El Misterio ha dejado de serlo con Jesús de Nazaret.
- EL REINO DE DIOS ESTÁ A LA VISTA
Jesús solo pronunció una vez la palabra ‘misterio’. ¡En ninguna otra parte de los evangelios se hace uso de ese término!
La única ocasión en que Jesús utilizó dicho vocablo lo hizo en el contexto de las parábolas. Dicha mención posee especial relevancia. Lo confirma el hecho de haber sido recogido por los tres sinópticos:
“A vosotros se os ha comunicado el secreto (μυστήριον) del reino de Dios” (Mc 4,11).
“A vosotros se os han dado a conocer los secretos (en plural: μυστήρια) del reinado de Dios” (Mt 13,11).
“A vosotros se os ha concedido conocer los secretos (μυστήρια) del reino de Dios” (Lc 8,10).
En los tres casos, el secreto o misterio (μυστήριον) está referido a una realidad ¡que ha sido dada a conocer! El secreto alude aquí directamente a una realidad social puesta en marcha por el Galileo y denominada por él con la fórmula característica en aquel entorno para hablar de la anhelada y definitiva sociedad donde brillaría la justicia, el Reino de Dios.
La mencionada declaración de Jesús recogida por los tres sinópticos responde a una pregunta anterior de los discípulos relacionada con su empleo de parábolas y ejemplos para explicar su Proyecto a la multitud:
“Cuando se quedó a solas, los que estaban en torno a él le preguntaron con los Doce la razón de usar parábolas” (Mc 4, 10).
- LOS EVANGELIOS SON PEDAGOGÍAS. EXPLICAN; NO OCULTAN
La respuesta rotunda de Jesús:
“A vosotros se os ha comunicado el secreto (μυστήριον) del reino de Dios” (Mc 4,11),
usando el término ‘misterio’, está tan preñada de lógica como de intereses ocultos tenía la pregunta de los discípulos.
Más que una pregunta, se trataba de un cuestionamiento. El interrogante manifiesta asombro y oposición. Asombro por el método elegido para la enseñanza, un formato que exigía reflexión y decisión individual. Oposición, porque para los discípulos resultaba un procedimiento extremadamente lento. Ellos tienen prisa. Están inflamados por la dura realidad padecida por el pueblo. Están convencidos de que la multitud estaría por la labor de lanzarse a un movimiento rebelde para obtener el poder y zafarse de la ocupación romana. Una convocatoria general del Galileo solicitando unirse a un movimiento liderado por él para constituir el Reino de Dios tendría una inmediata respuesta positiva por parte de la multitud. Era lo esperado por todos. Además, un reinado de Dios a través de la hegemonía política de Israel estaba prometido y garantizado por el mismo Dios en el AT. Presentar la realidad esplendorosa del reino de Dios comparándolo con una semilla no tenía ni pies ni cabeza. De manera que el interés que los discípulos manifestaron al preguntarle por su método de enseñanza (“las parábolas”) acabó en un duro enfrentamiento entre el Galileo y los suyos. Marcos lo describió bajo el relato figurado de una tormenta sobre LA BARCA (Mc 4,35-41), figura representativa de esa sociedad esperada, el reino de Dios:
“Sobrevino un fuerte torbellino de viento; las olas se abalanzaban contra la barca, y la barca empezaba ya a llenarse” (Mc 4, 37).
- ACTITUD Y RESPUESTA DE JESÚS
La respuesta de Jesús a esta interpelación del colectivo de discípulos consta de dos partes: una referida al grupo y otra, a quienes no están adheridos a su Proyecto y a los que dirige su enseñanza usando ejemplos.
5.1. A los suyos les declara:
“A vosotros SE OS HA COMUNICADO EL SECRETO del reino de Dios”.
El verbo griego δίδωμι (‘dar’, ‘conceder’, ‘otorgar’), aludiendo a los discípulos (ὑμῖν; ‘a vosotros’, “os”), en perfecto pasivo: δέδοται: “se ha dado” (traducido: “se os ha comunicado”) implica conocimiento y posesión. Los discípulos han recibido lo que para la multitud es un misterio. Les pertenece en propiedad. Lo poseen y lo conocen. Se trata de la experiencia de la sociedad alternativa, el llamado reino de Dios. Los adheridos a ese Proyecto perciben ya su realidad en propias carnes. Al conocerlo por experiencia, ha dejado de ser un misterio.
5.2. Respecto a “los de FUERA”, afirma
que se les irá proponiendo el Proyecto del reino de Dios mediante sencillos ejemplos: Las parábolas.
“…ellos, los de fuera, todo eso lo van teniendo en parábolas…” (Mc 4,11b).
Quienes no se han adherido a ese Proyecto, “los de FUERA”, desconocen la actualidad vigorosa del Reino de Dios. Su realidad social sigue siendo para ellos un misterio. Les falta la experiencia. Marcos había destacado con anterioridad el posicionamiento de los familiares del Galileo:
“Llegó su madre con sus hermanos y, quedándose FUERA, lo mandaron llamar”; Mc 3,31).
- DIOS NO ES UN MISTERIO, SINO EL PADRE
Llegados a este punto parece lógico que los de “FUERA” se pregunten: ¿Y dónde queda Dios? ¿No es un misterio? ¿No es el Gran Misterio?
Nunca en los evangelios se utiliza el término griego μυστήριον (‘misterio’) referido a Dios. Para nombrarlo se usa un vocablo con sentido opuesto a ‘misterio’. Se le llama “el Padre”. Un padre es una figura familiar abierta al conocimiento desde el inicio de la propia existencia. Llamar a Dios: “Padre” está lejos de ser una forma puramente nominal. Para denominarle así, Jesús arranca de su experiencia vital. Él no tuvo un padre. El que deseó fue muy distinto al dominador característico de aquella cultura. Imaginó al Padre de extrema y colosal esplendidez, al que cualquiera desearía parecerse.
El reconocimiento de un padre parte de la seguridad de sentirse y reconocerse hijo/a suyo. Ser hijo/a representa la salida a la vida. En los evangelios, la Creación se considera incompleta. La Creación no está acabada con el ser humano como imagen de Dios. Alcanza su plenitud cuando este llega a conseguir la máxima categoría, la de hijo/a.
En la mentalidad del Antiguo y Nuevo Testamento se conocen a los hijos auténticos por el parecido a su padre. Y esa semejanza la da su manera de actuar. Se conoce y se reconoce a un padre por el comportamiento de los hijos. La versión griega de los LXX traduce el texto hebreo de Eclo 11,28 de siguiente modo: ἐν τέκνοις αὐτοῦ γνωσθήσεται ἀνήρ:
“…por sus hijos se conoce un hombre”.
El conocimiento del Padre se obtiene a partir del reconocimiento del parecido a Él de su Hijo. Ese es el criterio que encontramos tras la afirmación de Mateo 11,27:
“Al Hijo lo conoce solo el Padre y al Padre lo conoce solo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (ver también en Lc 10,22).
- SE ASEMEJAN AL PADRE QUIENES TRABAJAN POR LA PAZ
De aquí surge la siguiente cuestión: ¿Y cómo se reconoce a quienes actúan como el Padre? ¿Por qué comportamiento tan especial se les descubre? En las llamadas bienaventuranzas de Mateo encontramos la respuesta:
“Dichosos LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ,
Porque a esos los va a llamar Dios HIJOS SUYOS” (Mt 5,9).
Los hijos del Padre se reconocen por su actividad en favor de la Paz. Los constructores de paz no deben confundirse con personas que evitan entrar en enfrentamientos. Se parecen al Padre quienes construyen las condiciones para que no los haya. Porque la Paz no es la ausencia de conflictos, sino la realidad social que hace inviable el conflicto.
En la mentalidad del NT, la paz significa que todas las cosas están en su sitio; de manera que hay paz cuando nadie carece de bienestar, dignidad y alegría. La paz se opone por tanto a la falsedad, el crimen, la injusticia, la maldad, la esclavitud, la violencia y todo cuanto signifique maltrato a cualquier ser viviente. Participar de algún modo en el orden injusto impide conocer la paz. Quienes colaboran activa, pasiva o desde la neutralidad con la injusticia están, por tanto, incapacitados para adquirir la condición que hace libres: la de hijos. Ya lo adelantaba el profeta Isaías:
“No conocen el camino de la paz,
no existe el derecho en sus senderos;
se abren sendas tortuosas
quien las sigue no conoce la paz” (Is 59)
Ser constructor de paz no es tarea para pusilánimes. Conlleva sus riesgos. A los integrantes de la sociedad alternativa, esos que tienen a Dios por rey, los leales a ducha tarea constructiva, les acechan peligros provenientes del orden injusto. Mateo escribe a continuación en la siguiente bienaventuranza el dato que lo certifica:
“Dichosos los que viven perseguidos por su fidelidad,
porque esos tienen a Dios por rey” (Mt 5, 10).
- RIESGOS Y PELIGROS DE TRABAJAR POR LA PAZ
Así pues, el comportamiento de hijos se reconoce también por sus riesgos. El sistema injusto no admite a Dios como Rey. Él tiene ya el suyo: el dinero. Los hijos, los que actúan como el Padre, son un estorbo. Entorpecen el negocio. El trabajo por la paz conlleva la oposición radical a la injusticia.
Para construir la Paz no basta la indignación, la protesta, los discursos ni las denuncias. Esa tarea exige dar la cara, comprometiéndose con los damnificados. Lo que no implica odio, rencor o violencia contra el injusto. Los trabajadores de la paz, los hijos, usan como arma el amor leal y el perdón al autor de la injusticia, un valor único excluido de las enseñanzas tradicionales. Mateo lo explicó a una comunidad de judíos acudiendo a citas del AT y usando una terminología (“Padre del cielo”) que les era familiar:
“Os han enseñado que se mandó: <<Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo>>. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, PARA SER HIJOS DE VUESTRO PADRE DEL CIELO, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos” (Mt 5,43-45).
- CONCLUYENDO
Los autores de cada uno de los evangelios elaboraron sus pedagogías dirigidas a las comunidades de su entorno tratando de exponer a las claras el Proyecto del Galileo. Sus textos arrojan luz; no están envueltos en enigmas. En las religiones prevalece el Misterio, dominador e inalcanzable. El evangelio pone el Misterio al alcance de la mano: “ÉL HA SIDO LA EXPLICACIÓN”. No es complicado conocerlo. Solo se necesita adherirse al Proyecto del Galileo. Está a un paso. ¡Basta cruzar la fina línea entre la orilla y LA BARCA!
Salvador Santos






