Una nueva era

(Carolina Vásquez Araya) La Cicig ha abierto, por fin, los ojos a muchos ciudadanos que aún creían que la corrupción en los estamentos oficiales era nada más un robo a nivel de comisiones y prebendas, un raterismo cuyas consecuencias eran limitadas al aprovechamiento de los recursos disponibles. Sin embargo, los descubrimientos de redes bien enganchadas en diferentes ámbitos de la administración pública muestran una realidad muy distinta. Bandas profesionales en la creación de mecanismos de enriquecimiento ilícito han vulnerado gravemente las posibilidades de desarrollo del país.
 

(Carolina Vásquez Araya) La Cicig ha abierto, por fin, los ojos a muchos ciudadanos que aún creían que la corrupción en los estamentos oficiales era nada más un robo a nivel de comisiones y prebendas, un raterismo cuyas consecuencias eran limitadas al aprovechamiento de los recursos disponibles. Sin embargo, los descubrimientos de redes bien enganchadas en diferentes ámbitos de la administración pública muestran una realidad muy distinta. Bandas profesionales en la creación de mecanismos de enriquecimiento ilícito han vulnerado gravemente las posibilidades de desarrollo del país.

 
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