Atol de poleada

[Por: Ilka Oliva Corado]

Comenzó a llover a eso de las cuatro de la tarde y no ha parado ni un segundo. Fausta se encomienda, le enciende una veladora al Señor de Esquipulas y arropa a sus seis pollitos en la cama con el poncho que le compró por pagos a un vendedor que llega todos los jueves desde Momostenango ajenando fundas para las almohadas, sábanas, ponchos y manteles típicos. Siempre llega con su hijo adolescente y se andan todo el pueblo y las aldeas con sus ventas a mecapal…

 

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