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“Dime con quién andas…”

[Por: Eduardo de la Serna]
 
Como muchas otras cosas de nuestra vida, la fe que decimos o no tener nos configura. Creer en un Dios sanguinario, por ejemplo, nos vuelve violentos o, por el contrario, temerosos. Con miedo a ese Dios, a sus manifestaciones, o – por el contrario – con actitudes agresivas que se le asemejan. Creer (o – por el contrario – afirmar la negación) de un Dios activo, ejecutor o (casi) titiritero, también nos vuelve (o rechazamos) sumisos, casi resignados, por ejemplo. Entre paréntesis, resulta lamentable la empobrecedora imagen del Corán que suelen dar los medios de comunicación ignorando la maravillosa historia del mundo musulmán. Hay fundamentalismos y fundamentalistas en todas partes, pero ese es otro tema…
 
 
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[Por: Eduardo de la Serna]

 

Como muchas otras cosas de nuestra vida, la fe que decimos o no tener nos configura. Creer en un Dios sanguinario, por ejemplo, nos vuelve violentos o, por el contrario, temerosos. Con miedo a ese Dios, a sus manifestaciones, o – por el contrario – con actitudes agresivas que se le asemejan. Creer (o – por el contrario – afirmar la negación) de un Dios activo, ejecutor o (casi) titiritero, también nos vuelve (o rechazamos) sumisos, casi resignados, por ejemplo. Entre paréntesis, resulta lamentable la empobrecedora imagen del Corán que suelen dar los medios de comunicación ignorando la maravillosa historia del mundo musulmán. Hay fundamentalismos y fundamentalistas en todas partes, pero ese es otro tema…

 

 

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