[Por: Mauricio López | Vida Nueva]
Comienzo mi reflexión con una anécdota. Una amiga muy querida, que había participado fuertemente en el Sínodo Amazónico, decidió cambiar de trabajo e ir a colaborar con las organizaciones de los pueblos originarios de esa región. Ella veía desde la distancia la Asamblea Eclesial con cierto escepticismo, y con miedo de que no hubiera una genuina participación, o no se llegara a las periferias…
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